Artículo Científico
Space Scientific Journal of Multidisciplinary | Vol. 0
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Julio
–
Septiembre
202
3
| ISSN:
3091
-
183
4
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El papel del docente en la construcción del
pensamiento crítico en la educación superior
The role of the teacher in the construction of critical thinking
in higher education
Guerrero
-
Bermúdez, Ángel Enrique
1
;
Vivar
-
Sigcho, Marco
Vinicio
2
;
Campo
-
Saransig,
Damián Alexander
3
;
Reyes
-
Guzmán, Alejandro
4
.
Recibido:
18
/
05
/20
23
Aceptado:
20
/
06
/20
23
Publicado:
31
/
07
/20
23
Cita:
Guerrero
-
Bermúdez, Ángel E., Vivar
-
Sigcho, M. V., Campo
-
Saransig, D. A., & Reyes
-
Guzmán, A. (2023). El
papel del docente en la construcción del pensamiento crítico en la
educación superior.
Space Scientific Journal of Multidisciplinary
,
1
(3), 30
-
43.
https://doi.org/10.63618/omd/ssjm/v1/n3/18
.
Resumen
La escasa claridad sobre el rol del docente en la promoción del pensamiento crítico en la
educación superior representa un desafío persistente que afecta la calidad de la formación
universitaria. A pesar del
reconocimiento de esta competencia como fundamental para el
ejercicio profesional y ciudadano, muchas prácticas docentes siguen centradas en la
transmisión de contenidos, con escasa capacidad para fomentar el análisis reflexivo, la
argumentación y la toma
de decisiones. Este estudio se desarrolló bajo un enfoque
cualitativo de revisión bibliográfica, recopilando literatura académica entre 2013 y 2024 en
bases de datos indexadas. Los resultados evidencian que metodologías activas como el
aprendizaje basado e
n problemas, el estudio de casos y la clase invertida potencian el
pensamiento crítico cuando se aplican adecuadamente. Sin embargo, su implementación
enfrenta limitaciones estructurales, como la falta de formación pedagógica del profesorado,
el bajo respa
ldo institucional y la rigidez curricular. Se concluye que transformar la docencia
universitaria exige políticas que fortalezcan la formación didáctica, promuevan la innovación
y reconozcan el valor estratégico de la enseñanza crítica
.
Palabras clave:
pensamiento crítico; educación superior; docencia universitaria;
metodologías activas; formación pedagógica.
Abstract
The lack of clarity about the role of teachers in the promotion of critical thinking in higher
education represents a persistent challenge that affects the quality of university education.
Despite the recognition of this competence as fundamental for profe
ssional and civic
practice, many teaching practices continue to focus on the transmission of content, with little
capacity to promote reflective analysis, argumentation and decision making. This study was
developed under a qualitative literature review app
roach, collecting academic literature
between 2013 and 2024 in indexed databases. The results show that active methodologies
such as problem
-
based learning, case studies and inverted classrooms enhance critical
thinking when properly applied. However, thei
r implementation faces structural limitations,
such as the lack of pedagogical training of teachers, low institutional support and curricular
rigidity. It is concluded that transforming university teaching requires policies that strengthen
didactic trainin
g, promote innovation and recognize the strategic value of critical teaching.
Keywords:
critical thinking; higher education; university teaching; active methodologies;
pedagogical training.
1
Investigador Independiente
;
Ecuador
,
Manabí
;
https://orcid.org/0009
-
0008
-
4667
-
8307
;
angelg
-
b@hotmail.com
2
Investigador Independiente
;
Ecuador
,
Orellana
;
https://orcid.org/0009
-
0008
-
3055
-
2339
;
mar_vin08vs@hotmail.com
3
Investigador Independiente
;
EE. UU
,
Texas
;
https://orcid.org/0009
-
0004
-
7311
-
8533
;
damiansaransig@yahoo.es
4
Investigador Independiente
;
Ecuador
,
Quito
;
https://orcid.org/0009
-
0006
-
0857
-
4190
;
alejandroreyesgzm@gmail.com
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1. Introducción
En el contexto de la educación superior contemporánea, el pensamiento crítico se
ha consolidado como una de las competencias clave para el desarrollo integral de
los estudiantes, dada su
capacidad para promover el análisis reflexivo, la
argumentación fundamentada y la toma de decisiones informadas. No obstante, a
pesar del reconocimiento generalizado de su relevancia, persiste una problemática
significativa en torno a su efectiva promoción
dentro del ámbito universitario: la falta
de claridad y sistematicidad en el papel que debe desempeñar el docente para
fomentar esta competencia. Diversas investigaciones han señalado que, aunque
existen múltiples enfoques y metodologías orientadas a desa
rrollar el pensamiento
crítico, su implementación depende en gran medida de la disposición, preparación
pedagógica y convicciones epistemológicas del profesorado (Paul & Elder, 2019;
Álvarez Méndez, 2016). Esta dependencia ha generado una amplia variabilid
ad en
los resultados obtenidos, afectando la formación crítica de los estudiantes en
función de las prácticas docentes particulares, más que de políticas institucionales
estandarizadas.
Uno de los principales factores que agrava este problema es la falta de formación
didáctica específica del profesorado universitario para integrar de manera
transversal y efectiva el pensamiento crítico en su práctica docente. En muchos
casos, los docentes
en educación superior son expertos en sus respectivas
disciplinas, pero no necesariamente cuentan con una preparación pedagógica
sólida que les permita diseñar experiencias de aprendizaje orientadas al
razonamiento crítico y a la autorregulación del pensa
miento (Brookfield, 201
1
). Esto
se ve reflejado en estrategias de enseñanza centradas en la transmisión de
contenidos y en evaluaciones memorísticas que poco contribuyen a la construcción
de un pensamiento analítico, reflexivo y ético. Además, la sobrecarga laboral, la
rigidez cu
rricular y las limitaciones institucionales en materia de innovación
pedagógica dificultan aún más la tarea docente en este ámbito (Facione, 2015).
El impacto de esta problemática es amplio y profundo. La ausencia de un
pensamiento crítico desarrollado en los egresados universitarios no solo limita su
desempeño profesional y su capacidad de adaptación a contextos cambiantes, sino
que también debilita
su participación ciudadana activa e informada, esencial en
sociedades democráticas. De acuerdo con Ennis (2011), el pensamiento crítico es
indispensable para evaluar información de manera rigurosa, detectar falacias,
argumentar con evidencia y comprender l
os múltiples puntos de vista que
caracterizan los problemas complejos del mundo actual. Por lo tanto, si la educación
superior no garantiza el desarrollo de esta competencia, se pone en riesgo la
formación de ciudadanos capaces de contribuir al desarrollo
sostenible, la equidad
social y la construcción del conocimiento.
En este marco, resulta fundamental investigar y analizar el rol que desempeña el
docente universitario en la construcción del pensamiento crítico, considerando tanto
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los factores individuales (formación, creencias, estrategias pedagógicas) como los
contextuales (apoyo institucional, políticas educativas, cultura académica). Una
revisión sistemática de la literatura científica permitirá identificar las tendencias,
enfoq
ues, desafíos y buenas prácticas que se han documentado en diversas
regiones y disciplinas, con el fin de establecer un marco conceptual robusto que
sirva de base para futuras intervenciones pedagógicas e investigaciones empíricas.
Asimismo, esta revisión
contribuirá a visibilizar la necesidad de un compromiso
institucional más claro con el desarrollo del pensamiento crítico, promoviendo la
capacitación docente continua y la innovación curricular desde una perspectiva
crítica y reflexiva.
La viabilidad de este trabajo radica en la amplia disponibilidad de estudios empíricos
y teóricos sobre la enseñanza del pensamiento crítico en educación superior,
publicados en revistas indexadas y bases de datos académicas reconocidas.
Además, el enfoque
metodológico basado en una revisión bibliográfica permite
abordar el problema desde una perspectiva global y comparativa, superando las
limitaciones propias de los estudios de caso o investigaciones de corte local. La
sistematización y el análisis crítico
de la evidencia disponible facilitarán la
elaboración de recomendaciones concretas y contextualizadas para mejorar la
práctica docente y fortalecer el pensamiento crítico en los estudiantes universitarios.
Por tanto, el objetivo de este artículo es analizar, a través de una revisión
bibliográfica exhaustiva, el papel del docente en la construcción del pensamiento
crítico en la educación superior, considerando los enfoques teóricos, estrategias
pedagógicas, d
esafíos institucionales y propuestas innovadoras que se han
documentado en la literatura científica reciente. Se busca, así, aportar al debate
académico y pedagógico sobre cómo transformar la enseñanza universitaria en una
práctica crítica, reflexiva y com
prometida con la formación integral de los futuros
profesionales y ciudadanos.
2. Materiales y Métodos
La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo de carácter
exploratorio, mediante la modalidad de revisión
bibliográfica, con el propósito de
analizar el papel del docente en la construcción del pensamiento crítico en la
educación superior. Este tipo de estudio permite abordar fenómenos complejos
desde una perspectiva interpretativa y comprensiva, facilitando l
a identificación,
sistematización y análisis crítico de los hallazgos existentes en la literatura científica
especializada. La elección de este diseño metodológico responde a la necesidad de
integrar múltiples aportes teóricos y empíricos que han sido prod
ucidos en distintos
contextos académicos, sin restringirse a un enfoque empírico directo, lo cual permite
una mayor amplitud en el abordaje del objeto de estudio.
El proceso de búsqueda y recopilación de información se llevó a cabo entre los
meses de marzo y abril de 2025, mediante la consulta de bases de datos
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académicas reconocidas, tales como Scopus, Web of Science, ERIC y Dialnet, así
como catálogos de editoriales académicas y repositorios universitarios que
cumplieran con criterios de indexación y calidad editorial. Se utilizaron
combinaciones de palabras cl
ave en español e inglés como “pensamiento crítico”,
“educación superior”, “docente universitario”, “enseñanza crítica”, “critical thinking”,
“higher education” y “university teaching”, a fin de garantizar una cobertura temática
amplia y pertinente.
Para la selección de los documentos se establecieron como criterios de inclusión:
a) publicaciones académicas revisadas por pares entre los años 2013 y 2024; b)
artículos científicos, capítulos de libros y tesis de posgrado que abordaran de
manera explícit
a la relación entre el docente y la promoción del pensamiento crítico
en el nivel universitario; y c) documentos disponibles en texto completo y en idioma
español o inglés. Como criterios de exclusión se consideraron: a) estudios centrados
exclusivamente e
n niveles educativos distintos al universitario; b) trabajos de
opinión sin respaldo metodológico; y c) documentos duplicados o redundantes.
Una vez recolectados los documentos, se procedió a su lectura analítica, aplicando
una técnica de codificación temática que permitió clasificar los contenidos según
categorías emergentes relacionadas con el rol docente, las estrategias
pedagógicas, los des
afíos institucionales, las competencias didácticas, entre otros.
Posteriormente, se realizó un análisis interpretativo orientado a identificar patrones,
vacíos de conocimiento, convergencias teóricas y propuestas metodológicas
recurrentes, con el fin de el
aborar una visión integral y crítica del fenómeno
estudiado.
Este enfoque metodológico no busca establecer generalizaciones cuantitativas, sino
más bien ofrecer una aproximación comprensiva a los diversos enfoques y
experiencias documentadas en la literatura académica sobre el tema. De este modo,
la revisión bibliog
ráfica permite construir un marco conceptual sólido y actualizado
que sirva de base para futuras investigaciones empíricas o intervenciones
educativas orientadas a fortalecer el pensamiento crítico desde la práctica docente
en la educación superior.
3. Resultados
3.1.
Estrategias pedagógicas del docente: Uso de metodologías activas
En el ámbito de la educación superior, la construcción del pensamiento crítico en
los estudiantes representa uno de los desafíos más relevantes para la docencia
universitaria contemporánea. En este contexto, el uso de metodologías activas se
ha consolidado
como una estrategia pedagógica de alto impacto para el desarrollo
de habilidades cognitivas superiores. Estas metodologías sitúan al estudiante en el
centro del proceso de enseñanza
-
aprendizaje, implicándolo activamente en la
construcción del conocimiento
, la resolución de problemas reales y el ejercicio
constante de análisis, reflexión y toma de decisiones. Frente al enfoque tradicional,
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donde la transmisión unidireccional del saber ha sido predominante, las
metodologías activas promueven entornos participativos que estimulan la
autonomía intelectual y el juicio crítico, elementos esenciales en la formación
universitaria de calidad
(
Nosiglia & Mulle
,
2015).
Una de las
metodologías activas más estudiadas y aplicadas es el Aprendizaje
Basado en Problemas (ABP), la cual consiste en presentar a los estudiantes
situaciones problemáticas abiertas y contextualizadas que deben ser analizadas,
comprendidas y resueltas de forma c
olaborativa. Este enfoque favorece la
movilización de conocimientos previos, la búsqueda autónoma de información y la
generación de hipótesis, promoviendo así un aprendizaje significativo. Según
Dolmans, Loyens, Marcq y Gijbels (2016), el ABP no solo mejor
a la comprensión
conceptual, sino que potencia el pensamiento crítico al exigir una constante
evaluación de alternativas, el contraste de argumentos y la toma de decisiones
informadas en contextos complejos. Además, permite desarrollar habilidades
blandas
como la comunicación, la empatía y la capacidad de trabajar en equipo, las
cuales resultan fundamentales en el ejercicio profesional.
Otra estrategia relevante es el estudio de casos, técnica que expone a los
estudiantes a escenarios reales o simulados en los que deben analizar situaciones
desde múltiples dimensiones, identificar problemas y formular soluciones viables.
Esta metodología
se caracteriza por su potencial para fomentar el pensamiento
crítico, ya que obliga a los estudiantes a interpretar datos, considerar diferentes
perspectivas, emitir juicios fundamentados y justificar sus decisiones con base en
evidencias. Kim, Sharma, Lan
d y Furlong (2013) señalan que el uso de casos
promueve una comprensión profunda del contenido, al tiempo que incrementa la
capacidad para transferir conocimientos a contextos prácticos, una competencia
crucial en la educación superior.
En el mismo sentido, la clase invertida o
flipped classroom
se presenta como una
innovación pedagógica que transforma el rol tradicional del docente y del estudiante.
En este modelo, los contenidos teóricos son revisados por el estudiante fuera del
aula mediante recursos digitales (videos, lecturas, podcasts, entr
e otros), mientras
que el tiempo presencial se destina a la resolución de problemas, debates, ejercicios
prácticos y retroalimentación colaborativa. Esta metodología favorece el desarrollo
del pens
amiento crítico al brindar más tiempo para la interacción dialógica, el
cuestionamiento de supuestos y la profundización de los contenidos a través de
actividades cognitivamente desafiantes. Bergmann y Sams (2012), precursores del
modelo, destacan que este
enfoque permite a los estudiantes asumir un rol activo
en su propio proceso de aprendizaje y fomenta la autorregulación, la metacognición
y el pensamiento analítico.
A lo anterior se suma el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABPj), en el cual los
estudiantes deben planificar, desarrollar y presentar soluciones integradas a
problemas complejos, generalmente con una orientación interdisciplinaria. Esta
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estrategia propicia un entorno donde el pensamiento crítico se despliega mediante
la formulación de preguntas investigables, la selección de fuentes confiables, la
evaluación de alternativas y la argumentación lógica de las decisiones tomadas.
Diversos est
udios han mostrado que el ABPj mejora no solo el rendimiento
académico, sino también la motivación intrínseca del estudiante y su capacidad para
aplicar conocimientos en contextos reales (Thomas, 2000).
Cabe señalar que el éxito en la aplicación de estas metodologías depende en gran
medida del rol del docente como facilitador y mediador del aprendizaje. El docente
debe crear condiciones didácticas que estimulen la participación activa, el diálogo
construc
tivo, el pensamiento divergente y la reflexión crítica. Esta labor implica no
solo dominar técnicas metodológicas innovadoras, sino también adoptar una actitud
pedagógica abierta al cambio, comprometida con la mejora continua y orientada a
la formación int
egral del estudiante. Barrows (1996) argumenta que el docente, en
contextos de aprendizaje activo, debe actuar como guía cognitivo, cuestionando de
manera estratégica las respuestas de los estudiantes, promoviendo el pensamiento
autorregulado y ayudando a
construir conocimiento de manera colectiva.
Sin embargo, el paso hacia metodologías activas no está exento de dificultades. A
nivel institucional, muchas universidades aún mantienen estructuras curriculares
rígidas, centradas en la cobertura de contenidos y en sistemas de evaluación
memorísticos que
obstaculizan la implementación de enfoques innovadores.
Además, la escasa formación pedagógica del profesorado universitario limita la
apropiación y aplicación efectiva de estas metodologías. Pese a estas limitaciones,
estudios como el de Freeman et al. (
2014), que incluyó un metaanálisis de 225
investigaciones en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM),
evidencian que los enfoques de aprendizaje activo mejoran significativamente el
rendimiento académico, reducen las tasas de deserción y pote
ncian el pensamiento
crítico y la retención de conocimientos.
Finalmente, López
-
Pastor, Pérez
-
Pueyo y Escudero (2017) destacan que la
evaluación formativa y compartida, utilizada dentro de estas metodologías, también
constituye un factor clave para el desarrollo del pensamiento crítico. La
retroalimentación constante
, la coevaluación entre pares y la reflexión sobre el
propio proceso de aprendizaje fortalecen la autoconciencia cognitiva y favorecen el
pensamiento crítico autorregulado.
En conclusión, el uso de metodologías activas por parte del docente universitario
constituye una vía esencial para promover el pensamiento crítico en la educación
superior. Estas estrategias no solo transforman la dinámica del aula, sino que exigen
un repl
anteamiento profundo del rol docente, la estructura curricular y los sistemas
de evaluación. La evidencia científica disponible respalda su efectividad y refuerza
la necesidad de una transformación pedagógica centrada en el aprendizaje activo,
reflexivo y
crítico
, en la continua figura 1
se representara de manera detallada
, las
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metodologías activas permiten dinamizar la enseñanza y promover aprendizajes
significativos.
Figura 1
Metodologías activas para potenciar el aprendizaje en la educación superior
Nota:
Comparativa
visual de metodologías activas que destacan el nivel de participación y el
pensamiento crítico que generan en los estudiantes universitarios (Autores, 202
3
).
3.2.
Limitaciones del contexto institucional: Falta de formación y apoyo
docente
La
construcción del pensamiento crítico como competencia transversal en la
educación superior exige no solo transformaciones metodológicas a nivel de aula,
sino también reformas estructurales y culturales en las instituciones universitarias.
Entre las barrera
s más persistentes que enfrenta el profesorado universitario para
fomentar el pensamiento crítico se encuentran la insuficiente formación pedagógica
y la ausencia de mecanismos institucionales que respalden, incentiven y sostengan
prácticas docentes innova
doras. Estas limitaciones, de carácter tanto estructural
como cultural, comprometen la efectividad de los esfuerzos individuales de los
docentes y perpetúan un modelo educativo centrado en la transmisión de
contenidos, desarticulado de los fines formativos
críticos que las universidades
dicen promover
(
Tapasco Alzate
et al.,
2019).
Una de las deficiencias más generalizadas es la escasa preparación pedagógica
del profesorado universitario. En la mayoría de los sistemas de educación superior,
el ejercicio docente está habilitado casi exclusivamente por la formación disciplinar,
sin exi
gir acreditación formal de competencias didácticas ni experiencia previa en
procesos de enseñanza
-
aprendizaje. Este modelo tiene profundas raíces históricas
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en la tradición académica occidental, que ha privilegiado la investigación científica
como criterio principal de legitimidad profesional, relegando la enseñanza a un plano
secundario (Bain, 2004). Así, muchos docentes ingresan a la universidad con un
conoc
imiento profundo en sus áreas de especialización, pero sin las herramientas
necesarias para diseñar estrategias de enseñanza que promuevan el desarrollo del
pensamiento crítico, el trabajo colaborativo o la autorregulación cognitiva.
Este fenómeno ha sido documentado en diversos estudios. Salazar Botero y Gómez
Restrepo (2020) señalan que la mayoría del profesorado universitario continúa
utilizando metodologías expositivas centradas en la transmisión unidireccional de
conocimientos, lo
cual limita el protagonismo del estudiante en su proceso de
aprendizaje y restringe la posibilidad de desarrollar competencias críticas. A pesar
de que muchos docentes reconocen la importancia de fomentar el pensamiento
crítico, carecen de los recursos fo
rmativos y del acompañamiento necesario para
transformar sus prácticas pedagógicas. Esta falta de formación se traduce en una
brecha entre las intenciones educativas y las prácticas reales de aula, generando
un desfase entre el discurso institucional y la
experiencia formativa del estudiante.
En relación con la formación continua, si bien algunas universidades ofrecen
programas de capacitación docente, estos suelen ser optativos, desarticulados del
currículo institucional y centrados en aspectos técnicos más que en una reflexión
crítica sobre l
a enseñanza. Postareff, Lindblom
-
Ylänne y Nevgi (2007) encontraron
que los programas formativos más eficaces son aquellos de carácter sistemático,
sostenido y orientado al desarrollo reflexivo del rol docente. En contraste, la
capacitación aislada, fragmen
taria o basada en talleres breves tiene un impacto
limitado en la mejora de las prácticas docentes. Sin una política institucional clara
que valore la formación pedagógica como un componente esencial del desarrollo
profesional académico, la enseñanza unive
rsitaria tiende a reproducir modelos
tradicionales poco eficaces para el desarrollo del pensamiento crítico.
Además de la formación, la ausencia de apoyos institucionales constituye otra
barrera importante. Las universidades que carecen de estructuras organizativas
dedicadas al acompañamiento pedagógico
—
como centros de innovación
educativa, unidades de desarroll
o docente o programas de mentoría
—
dificultan la
implementación y sostenibilidad de prácticas orientadas al aprendizaje activo.
Rodríguez
-
Gómez y Gairín (2015) subrayan que el apoyo institucional es esencial
para crear condiciones favorables a la innovació
n docente, incluyendo asesorías
metodológicas, dotación de recursos didácticos, espacios para la reflexión colectiva
y reconocimiento al mérito docente. Sin estos elementos, el docente se ve obligado
a innovar de forma aislada, muchas veces enfrentando res
istencia institucional o
desinterés por parte de sus colegas y autoridades.
Un componente estrechamente vinculado a lo anterior es la cultura académica
prevalente en muchas instituciones de educación superior. Esta cultura continúa
priorizando la investigación como eje central de la carrera académica, mientras que
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la docencia se mantiene relegada en términos de valoración, incentivos y desarrollo
profesional. Lueddeke (2003) argumenta que esta jerarquización de funciones ha
generado una dicotomía artificial entre “buen investigador” y “buen docente”, lo que
desincen
tiva la dedicación del profesorado a la mejora pedagógica. La falta de
reconocimiento institucional a la labor docente crítica también se manifiesta en los
sistemas de evaluación académica, que suelen centrarse en indicadores
bibliométricos y de productivi
dad científica, sin contemplar de manera integral la
calidad del trabajo en aula ni el impacto formativo de las estrategias pedagógicas
implementadas.
A estas limitaciones se suma la rigidez curricular, la sobrecarga administrativa y la
precarización laboral que afectan a gran parte del profesorado universitario,
especialmente a quienes ocupan cargos interinos o por contrato. Estas condiciones
restringen
el tiempo y la energía disponibles para la planificación didáctica, la
innovación metodológica o la evaluación formativa. Como resultado, muchos
docentes se ven forzados a adoptar estrategias de bajo compromiso, como las
clases magistrales y las evaluacio
nes estandarizadas, que si bien son viables en
términos de gestión del tiempo, resultan ineficaces para desarrollar habilidades de
pensamiento crítico. En palabras de Martínez
-
Figueira y Raposo
-
Rivas (2018), esta
“cultura de la urgencia” instalada en las u
niversidades impide la reflexión
pedagógica y obstaculiza la consolidación de una enseñanza centrada en el
aprendizaje profundo.
Frente a este panorama, es indispensable que las universidades redefinan sus
políticas institucionales para otorgar a la docencia un lugar central dentro de su
misión formativa. Esto implica reconocer formalmente la importancia del
pensamiento crítico como
competencia esencial, establecer marcos normativos que
exijan y apoyen la formación pedagógica del profesorado, diseñar sistemas de
evaluación docente integrales y desarrollar estructuras institucionales que
acompañen, incentiven y visibilicen la innovaci
ón en la enseñanza. Solo mediante
un compromiso institucional sólido será posible que el docente asuma su papel
como mediador del pensamiento crítico y constructor de ciudadanía crítica.
En suma, la falta de formación pedagógica específica y el escaso apoyo institucional
son dos de las principales limitaciones estructurales que enfrenta el profesorado
universitario para fomentar el pensamiento crítico. Superar estas barreras requiere
una t
ransformación profunda de la cultura académica y del modelo de desarrollo
profesional docente, en la que la enseñanza se conciba no como un mero
complemento de la investigación, sino como un campo de conocimiento riguroso,
estratégico y fundamental para el
cumplimiento de los fines educativos de la
universidad
(
Puyol
-
Cortez & Mina
-
Bone
,
2022).
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4. Discusión
La evidencia analizada en
esta revisión bibliográfica permite establecer una relación
directa entre las prácticas pedagógicas del docente universitario y la promoción del
pensamiento crítico en los estudiantes de educación superior. Las metodologías
activas, como el aprendizaje bas
ado en problemas, el estudio de casos y la clase
invertida, emergen como estrategias efectivas no solo por su capacidad para
favorecer el aprendizaje significativo, sino también por su potencial para desarrollar
habilidades cognitivas de orden superior, co
mo el análisis, la argumentación y la
reflexión metacognitiva. Sin embargo, la adopción de estas metodologías exige
condiciones que trascienden la voluntad individual del profesorado, involucrando
transformaciones institucionales que, hasta el momento, han
sido implementadas
de manera parcial y heterogénea en los sistemas universitarios
(
Nosiglia & Mulle
,
2015).
El uso de metodologías activas representa un avance sustantivo frente a los
enfoques tradicionales de enseñanza, dado que reposiciona al estudiante como
agente activo en la construcción del conocimiento. Este tipo de enfoque sitúa al
aprendiz en situacione
s problemáticas que requieren juicio, inferencia y toma de
decisiones argumentadas, fortaleciendo así sus capacidades para desenvolverse
en contextos complejos y cambiantes. Estas metodologías, al promover el
aprendizaje autónomo y colaborativo, constituye
n una vía eficaz para desarrollar el
pensamiento crítico, siempre y cuando se apliquen de forma planificada y
contextualizada
(
Tapasco Alzate
et al.,
2019).
No obstante, aunque se reconoce ampliamente la efectividad de estas
metodologías, su implementación sostenida y generalizada enfrenta serias
limitaciones estructurales. Una de las más relevantes es la falta de formación
pedagógica del profesorado universit
ario. Muchos docentes ingresan al sistema con
un dominio especializado de los contenidos disciplinares, pero sin una preparación
didáctica adecuada para facilitar aprendizajes significativos ni para fomentar
habilidades de pensamiento crítico en el aula. E
sta carencia de formación genera
una brecha entre el conocimiento experto y la capacidad de transmitirlo eficazmente
mediante estrategias que activen el razonamiento y la reflexión crítica del estudiante
(Thomas, 2000).
En relación con la formación continua, los programas ofrecidos por las instituciones
suelen ser voluntarios, fragmentados y desvinculados de una política integral de
desarrollo profesional. Esta situación debilita los procesos de mejora docente y
limita la
adopción de enfoques innovadores. La capacitación esporádica y sin
seguimiento raramente produce transformaciones duraderas en las prácticas
pedagógicas, y mucho menos en la cultura institucional que las sustenta. En
consecuencia, persiste una distancia e
ntre los objetivos educativos que promueven
el pensamiento crítico y las herramientas efectivas para alcanzarlos en la práctica
cotidiana.
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Además de la formación, la falta de apoyos institucionales constituye una barrera
adicional. La ausencia de estructuras organizativas destinadas al acompañamiento
metodológico del docente y a la promoción de la innovación pedagógica obstaculiza
el cambio.
En muchas universidades no existen unidades especializadas que
proporcionen asesoría didáctica, recursos materiales, espacios de reflexión
profesional ni incentivos claros para la mejora de la enseñanza. Esto conduce a que
los esfuerzos por transformar la
práctica docente recaigan exclusivamente en la
iniciativa personal, lo que no garantiza su sostenibilidad ni su impacto.
La cultura académica prevalente en muchas instituciones también representa un
obstáculo. Predomina una orientación hacia la investigación como principal
indicador de desempeño académico, mientras que la docencia, especialmente
aquella que se orienta a la f
ormación crítica, carece de reconocimiento y valoración
en los sistemas de evaluación y promoción profesional. Esta desigualdad en el
reconocimiento institucional limita la dedicación del profesorado al diseño de
experiencias de aprendizaje transformadoras
y desincentiva el compromiso con la
innovación didáctica
(
Nosiglia & Mulle
,
2015).
A estas condiciones se suma la rigidez curricular y la sobrecarga laboral, que
afectan la planificación de actividades pedagógicas centradas en el desarrollo del
pensamiento crítico. Las limitaciones de tiempo, sumadas a la presión por cumplir
con objetivo
s administrativos y productivos, restringen la posibilidad de implementar
estrategias que requieren mayor preparación, retroalimentación y acompañamiento
personalizado. En este contexto, el profesorado se ve obligado a recurrir a métodos
tradicionales, rep
roducidos por inercia institucional, que poco contribuyen a formar
estudiantes reflexivos, analíticos y comprometidos.
Frente a este panorama, resulta imprescindible que las universidades asuman un
compromiso decidido con la formación pedagógica del profesorado y con la creación
de condiciones estructurales que favorezcan la enseñanza crítica. Esto implica
redefinir las po
líticas de desarrollo profesional, establecer sistemas de
acompañamiento docente, fortalecer la cultura institucional de la innovación y, sobre
todo, otorgar a la docencia el valor estratégico que le corresponde dentro del
proyecto universitario. Solo medi
ante una transformación estructural y cultural será
posible consolidar el papel del docente como mediador del pensamiento crítico y
agente de cambio en la educación superior.
En síntesis, el desarrollo del pensamiento crítico en la educación superior está
estrechamente vinculado con la acción pedagógica del docente, pero esta se
encuentra condicionada por factores estructurales que limitan su alcance. La falta
de formación peda
gógica adecuada, la ausencia de apoyos institucionales y la
escasa valoración de la docencia crítica configuran un entorno poco favorable para
la innovación educativa. Superar estas barreras requiere una reorientación profunda
del modelo universitario haci
a una visión más equitativa, reflexiva y centrada en el
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aprendizaje, en la que el pensamiento crítico sea una realidad formativa y no solo
una aspiración discursiva
(
Puyol
-
Cortez & Mina
-
Bone
,
2022).
5. Conclusiones
El análisis realizado permite concluir que el papel del docente en la construcción del
pensamiento crítico en la educación superior es fundamental, pero está
profundamente condicionado por factores pedagógicos e institucionales que
determinan el alcance y
la eficacia de su intervención. La incorporación de
metodologías activas en el aula ha demostrado ser una estrategia pedagógica eficaz
para fomentar habilidades cognitivas superiores en los estudiantes, al promover su
participación activa, la resolución de
problemas complejos y la reflexión
metacognitiva. No obstante, estas prácticas requieren un conocimiento didáctico
especializado y una actitud docente orientada al cambio y la innovación.
A
pesar de la potencialidad de estas metodologías, su implementación sostenida se
ve obstaculizada por la falta de formación pedagógica sistemática del profesorado
universitario, quien en muchos casos accede a la docencia con un perfil centrado
en la especia
lización disciplinar, sin preparación didáctica formal. Esta carencia
limita su capacidad para diseñar estrategias orientadas al desarrollo del
pensamiento crítico y genera una brecha entre las intenciones formativas y las
prácticas reales en el aula.
Asimismo, la ausencia de políticas institucionales sólidas que respalden la
innovación pedagógica y la mejora continua de la enseñanza debilita el rol del
docente como agente formador. La escasa existencia de programas de
acompañamiento, incentivos para la
docencia crítica y estructuras de apoyo
organizacional, sumada a una cultura académica que prioriza la investigación sobre
la enseñanza, configura un entorno adverso para el desarrollo de prácticas
educativas transformadoras.
En este contexto, resulta imprescindible que las instituciones de educación superior
reconozcan el pensamiento crítico no solo como un objetivo curricular, sino como
una competencia que debe ser promovida desde una docencia profesionalizada,
respaldada y e
stratégicamente integrada en el proyecto educativo institucional. La
mejora del rol docente en este proceso exige una reconfiguración integral de la
formación y evaluación docente, así como la creación de condiciones estructurales
y culturales que permitan
consolidar una enseñanza orientada al pensamiento
crítico, al compromiso social y al aprendizaje significativo.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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