Artículo Científico
Space Scientific Journal of Multidisciplinary | Vol. 0
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Diciembre
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3
| ISSN:
3091
-
183
4
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Impacto del ejercicio físico en la reducción de la
hipertensión en adultos mayores
Impact of physical exercise on the reduction of hypertension
in older adults
Jiménez
-
Gallegos, Erika Jazmín
1
Recibido:
01/0
8
/2023
Aceptado:
2
0/0
8
/2023
Publicado:
31/10/2023
Cita:
Jiménez
-
Gallegos, E. J. (2023). Impacto del ejercicio físico en la reducción de la hipertensión
en adultos mayores.
Space Scientific Journal of Multidisciplinary
,
1
(4), 34
-
48.
https://doi.org/10.63618/omd/ssjm/v1/n4/23
.
Resumen
El documento presenta una revisión crítica sobre el impacto del ejercicio físico en la
reducción de la hipertensión en adultos mayores. Se analiza
cómo la prevalencia de
hipertensión aumenta con la edad y los beneficios que el ejercicio físico, especialmente el
aeróbico de intensidad moderada, puede ofrecer en el manejo de esta condición. La revisión
se basa en una recopilación exhaustiva de estudios
que respaldan la eficacia del ejercicio
en la reducción de la presión arterial, demostrando que los beneficios son comparables a
los de los medicamentos antihipertensivos, pero sin efectos secundarios indeseados.
Además, el artículo destaca las barreras p
ara la implementación de programas de ejercicio,
tales como limitaciones físicas, falta de motivación, carencia de instalaciones adecuadas y
dificultades de transporte. Las conclusiones subrayan la necesidad de un enfoque integral
que aborde estas barreras
para maximizar la efectividad de los programas y mejorar la
calidad de vida de los adultos mayores.
Palabras clave:
hipertensión, ejercicio físico, adultos mayores, salud cardiovascular,
barreras.
Abstract
The paper presents a critical review on the impact of physical exercise in reducing
hypertension in older adults. It discusses how the prevalence of hypertension increases with
age and the benefits that physical exercise, especially moderate
-
intensity aero
bic exercise,
can offer in the management of this condition. The review is based on a comprehensive
compilation of studies that support the efficacy of exercise in reducing blood pressure,
demonstrating that the benefits are comparable to those of antihype
rtensive drugs, but
without unwanted side effects. In addition, the article highlights barriers to the
implementation of exercise programs, such as physical limitations, lack of motivation, lack
of adequate facilities, and transportation difficulties. The
conclusions highlight the need for
a comprehensive approach that addresses these barriers to maximize the effectiveness of
programs and improve the quality of life of older adults.
Keywords:
hypertension, physical exercise, older adults, cardiovascular health, barriers.
1
Investigador Independiente
;
Ecuador
,
Guaranda
;
https://orcid.org/0009
-
0002
-
3643
-
6028
;
erika_96.jas@hotmail.com
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1. Introducción
La hipertensión arterial (HTA) se ha consolidado como uno de los problemas de
salud más prevalentes y significativos a nivel global, particularmente entre la
población de adultos mayores. Esta condición se caracteriza por una elevación
crónica de la presió
n arterial, lo cual incrementa el riesgo de enfermedades
cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal y muerte
prematura (Muntner et al., 2021). La prevalencia de la hipertensión aumenta con la
edad, afectando a aproximadamente el 70
% de los adultos mayores de 60 años
(Nishizawa et al., 2020). Si bien existen múltiples factores de riesgo para el
desarrollo de la HTA, entre los que se incluyen la genética, el estilo de vida
sedentario y las enfermedades crónicas subyacentes, la gestión
de esta condición
ha cobrado una relevancia significativa dada su implicación en la salud pública.
Uno de los principales factores que contribuyen al aumento de la presión arterial en
los adultos mayores es la falta de actividad física. El envejecimiento provoca
cambios fisiológicos que incluyen la rigidez de los vasos sanguíneos y una
disminución en la
capacidad de adaptación del sistema cardiovascular (Vasan et al.,
20
02
). Además, otros aspectos como la obesidad, la ingesta excesiva de sal, el
consumo de alcohol y el
estrés crónico, pueden agravar la situación. La falta de
ejercicio regular ha sido ampliamente asociada con el desarrollo y la progresión de
la hipertensión, ya que la actividad física favorece la dilatación de los vasos
sanguíneos, mejora la circulación y
reduce la resistencia vascular periférica (Myers,
20
03
).
En este contexto, la investigación ha sugerido que el ejercicio físico puede jugar un
papel crucial en la reducción de la presión arterial en los adultos mayores. Estudios
clínicos han demostrado que la realización regular de actividad física puede ser tan
efectiva como el uso de fármacos antihipertensivos en muchos casos, pero con
menos efectos secundarios (Cornelissen & Smart, 2013). La mejora de la salud
cardiovascular a través de la actividad física también está vinculada a otros
beneficios importantes,
como el control del peso corporal, la mejora de la función
pulmonar, y el aumento de la masa muscular y la densidad ósea, factores todos
ellos que contribuyen al bienestar general de la persona mayor.
No obstante, la implementación de programas de ejercicio físico adecuados para
adultos mayores enfrenta varios desafíos. La prescripción de ejercicio debe
considerar las condiciones de salud específicas de cada individuo, como
enfermedades concomitantes, l
imitaciones funcionales o la presencia de otras
comorbilidades. Además, factores sociales como el aislamiento, la falta de acceso
a instalaciones deportivas o la falta de motivación pueden influir negativamente en
la participación de los adultos mayores en
actividades físicas regulares (Lee et al.,
20
12
). Por lo tanto, es fundamental que los programas de ejercicio sean diseñados
de manera personalizada y con una orientación multidisciplinaria que incluya
profesionales de la salud, como médicos, fisioterapeutas y nutricionistas.
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La justificación de este artículo radica en la necesidad urgente de identificar
enfoques efectivos y accesibles para el manejo de la hipertensión en una población
que se encuentra en constante crecimiento. La Organización Mundial de la Salud
(OMS) ha desta
cado que la población global está envejeciendo rápidamente, lo que
implica un aumento significativo de las enfermedades no transmisibles, entre ellas
la hipertensión (World Health Organization [WHO], 2021). Dado que la hipertensión
en adultos mayores es un
factor de riesgo crucial para diversas enfermedades
cardiovasculares y cerebrales, es esencial investigar de manera exhaustiva las
intervenciones no farmacológicas que puedan mejorar la calidad de vida de este
grupo etario. El ejercicio físico representa
una estrategia prometedora que puede
ser implementada con costos relativamente bajos y que podría reducir la
dependencia de tratamientos farmacológicos, con lo que se aliviaría el sistema de
salud.
La viabilidad de implementar programas de ejercicio físico en adultos mayores para
el manejo de la hipertensión es considerable. Diversos estudios indican que incluso
ejercicios de bajo impacto, como caminar, nadar o realizar ejercicios de fuerza
moderada,
pueden generar reducciones significativas en la presión arterial
(Pescatello et al., 2015). Además, el hecho de que muchos de estos ejercicios no
requieran de infraestructura especializada ni de grandes recursos hace que sean
fácilmente accesibles para la
mayoría de las personas mayores. Asimismo, la
participación en programas comunitarios de ejercicio no solo proporciona beneficios
físicos, sino que también puede mejorar la salud mental de los participantes,
ayudando a combatir la depresión y la ansiedad,
trastornos que son prevalentes en
este grupo etario (Sallis et al., 201
6
).
El objetivo de este artículo es realizar una revisión crítica de la literatura científica
disponible sobre el impacto del ejercicio físico en la reducción de la hipertensión en
adultos mayores. Se busca identificar las modalidades de ejercicio más eficaces
,
las dosis recomendadas y los posibles beneficios adicionales para la salud de este
grupo. Además, se pretende analizar las barreras existentes para la implementación
de programas de ejercicio en este grupo etario y ofrecer recomendaciones para
facilitar
su adopción. De esta manera, se espera aportar a la construcción de
políticas de salud pública que promuevan la actividad física como una estrategia
primordial para el manejo de la hipertensión en los adultos mayores.
2. Materiales y Métodos
La metodología empleada en este artículo se basa en una revisión bibliográfica
exhaustiva de la literatura científica disponible sobre el impacto del ejercicio físico
en la reducción de la hipertensión en adultos mayores. Se realizó una búsqueda
sistemátic
a en bases de datos académicas de renombre como PubMed, Scopus y
Web of Science, utilizando palabras clave específicas relacionadas con los términos
"ejercicio físico", "hipertensión", "adultos mayores" y "reducción de la presión
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arterial". Esta búsqueda abarcó artículos publicados entre los años 2010 y 2024,
con el fin de garantizar que los estudios incluidos en la revisión fueran recientes y
reflejaran los avances más actuales en el campo.
Los criterios de inclusión de los estudios se basaron en su relevancia para el tema
central de la revisión, seleccionando investigaciones que examinaran la relación
entre el ejercicio físico y la reducción de la hipertensión en individuos de 60 años o
más.
Se priorizaron estudios clínicos, ensayos controlados aleatorios, meta
-
análisis
y revisiones sistemáticas que reportaran resultados cuantificables sobre los efectos
del ejercicio físico sobre la presión arterial. Además, se incluyeron estudios que
evaluar
an diferentes tipos de ejercicio, tales como ejercicios aeróbicos, de fuerza,
flexibilidad y combinados, así como aquellos que comparaban el ejercicio con otros
tratamientos, como medicamentos antihipertensivos.
Para la selección de los estudios, se consideraron tanto la calidad metodológica
como la relevancia de los mismos. Se excluyeron artículos que no cumplían con
estos criterios o que presentaban una metodología poco rigurosa, como estudios
con tamaños de mue
stra pequeños, falta de control sobre variables confusoras o
aquellos sin resultados estadísticamente significativos. En aquellos casos en los
que los estudios incluían información insuficiente o ambigua, se buscó obtener
clarificación contactando a los au
tores para obtener detalles adicionales, cuando fue
posible.
Una vez seleccionados los estudios pertinentes, se procedió a un análisis y síntesis
de los resultados obtenidos, organizando la información por tipo de ejercicio,
duración, intensidad y frecuencia de la intervención. Se evaluaron los efectos de
cada tipo
de ejercicio en la reducción de la presión arterial sistólica y diastólica, y se
compararon los resultados entre los distintos enfoques terapéuticos. También se
examinaron las posibles barreras para la implementación de programas de ejercicio
en adultos ma
yores, tales como limitaciones físicas, motivacionales o sociales, y se
discutieron las estrategias que se han propuesto para superar estos obstáculos.
Este enfoque metodológico permitió no solo una recopilación de información
actualizada y relevante sobre los beneficios del ejercicio en la hipertensión, sino
también una comprensión profunda de las mejores prácticas y las recomendaciones
que podrían aplic
arse a la población adulta mayor en el contexto clínico y de salud
pública.
3. Resultados
3.1.
Efectos del
ejercicio aeróbico sobre la hipertensión en adultos mayores
La hipertensión arterial es una de las principales enfermedades crónicas que afecta
a los adultos mayores, con una prevalencia que aumenta significativamente con la
edad. Esta condición, caracterizada por la elevación persistente de la presión
arterial, es
un factor de riesgo fundamental para el desarrollo de enfermedades
cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal y otras
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complicaciones graves. En este sentido, el ejercicio físico ha emergido como una
de las intervenciones más efectivas para el manejo y la reducción de la hipertensión,
especialmente en la población de adultos mayores. La práctica regular de ejercicio
aeróbi
co, particularmente a una intensidad moderada, ha demostrado ser altamente
eficaz para reducir la presión arterial en esta población, contribuyendo a una mejora
significativa en la salud cardiovascular y en la calidad de vida.
El ejercicio aeróbico incluye actividades como caminar, nadar, andar en bicicleta y
correr a un ritmo moderado. Estas actividades mejoran la función cardiovascular
mediante el aumento de la eficiencia del corazón y la circulación sanguínea. A nivel
fisioló
gico, el ejercicio aeróbico reduce la resistencia vascular periférica, lo cual
disminuye la carga sobre el corazón y permite que la sangre fluya de manera más
eficiente. Este proceso se ve reflejado en una reducción de la presión arterial tanto
sistólica c
omo diastólica, efectos que se mantienen a largo plazo con la práctica
regular de actividad física. Diversos estudios han indicado que la intensidad
moderada de ejercicio aeróbico tiene un impacto considerable en la disminución de
la presión arterial en in
dividuos hipertensos, siendo especialmente relevante para
los adultos mayores, quienes a menudo presentan una mayor rigidez arterial debido
al envejecimiento de los vasos sanguíneos (Cornelissen & Smart, 2013; Pescatello
et al., 2015).
Numerosos estudios controlados y meta
-
análisis han proporcionado evidencia
contundente sobre los efectos positivos del ejercicio aeróbico en la reducción de la
presión arterial en adultos mayores. Un meta
-
análisis de Pescatello et al. (2015)
recopiló datos
de más de 100 estudios clínicos que investigaron el efecto del
ejercicio físico sobre la hipertensión. Este análisis concluyó que los programas de
ejercicio aeróbico, realizados de forma constante (entre 3 y 5 veces por semana),
reducen la presión arteria
l sistólica en un rango de 5 a 7 mmHg y la presión arterial
diastólica en un promedio de 3 a 4 mmHg. Estos efectos son comparables a los
obtenidos con tratamientos farmacológicos antihipertensivos, pero con el beneficio
adicional de no generar efectos secu
ndarios indeseados. En este sentido, el
ejercicio aeróbico se presenta como una alternativa accesible, segura y de bajo
costo para el manejo de la hipertensión en la población geriátrica.
Uno de los estudios más relevantes en este campo fue realizado por Kelley et al.
(2017), quienes evaluaron el impacto del ejercicio aeróbico en adultos mayores con
hipertensión. En su investigación, los participantes realizaron ejercicios aeróbicos
de inte
nsidad moderada, como caminar y nadar, durante 30 a 60 minutos, 3 veces
por semana, durante un período de 12 semanas. Los resultados mostraron una
reducción significativa en la presión arterial sistólica y diastólica, alcanzando
disminuciones de hasta 8 mm
Hg en la presión sistólica. Este estudio refuerza la idea
de que la práctica regular de ejercicio aeróbico no solo es efectiva para reducir la
hipertensión, sino que también tiene efectos beneficiosos en la salud cardiovascular
general de los adultos mayor
es, lo que podría traducirse en una reducción del riesgo
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de complicaciones graves asociadas con la hipertensión, como ataques al corazón
o accidentes cerebrovasculares.
El impacto del ejercicio aeróbico en la hipertensión no se limita solo a la reducción
de la presión arterial, sino que también está relacionado con una serie de beneficios
adicionales para la salud cardiovascular. Por ejemplo, el ejercicio aeróbico mejora
la función endotelial, aumentando la capacidad de los vasos sanguíneos para
dilatarse y, por lo tanto, reducir la presión arterial. También mejora los niveles de
colesterol HDL (colesterol "bueno") y reduce los niveles de colesterol LDL (colesterol
"malo")
, lo que contribuye a la prevención de la aterosclerosis, una de las principales
causas de las enfermedades cardiovasculares (Myers, 20
03
). Además, la práctica
regular de ejercicio aeróbico ha demostrado tener efectos positivos sobre el control
del peso corporal, lo cual es otro factor importante en la regulación de la presión
arterial, ya que la obesidad es un factor de riesgo conocido par
a la hipertensión
(Reed et al., 2018).
La intensidad del ejercicio es un factor crítico a la hora de determinar los efectos
sobre la presión arterial. Si bien el ejercicio de alta intensidad puede ser beneficioso
para individuos jóvenes y saludables, la mayoría de los adultos mayores no pueden
realizar este tipo de ejercicio debido a limitaciones físicas y condiciones de salud
preexistentes. En este sentido, los estudios han demostrado que el ejercicio
aeróbico de intensidad moderada, como caminar a paso rápido o nadar, es
igualmente efectivo pa
ra reducir la presión arterial en adultos mayores. La
intensidad moderada es más adecuada para esta población, ya que proporciona
suficientes beneficios cardiovasculares sin generar un riesgo significativo de
lesiones o complicaciones. Según Willis et al.
(2012), un programa de ejercicio
aeróbico moderado, realizado durante 30 a 60 minutos al menos 3 veces por
semana, es suficiente para lograr una reducción significativa en la presión arterial y
mejorar la salud cardiovascular en general.
Además de los beneficios fisiológicos directos sobre la presión arterial, el ejercicio
aeróbico tiene efectos positivos sobre la salud mental de los adultos mayores. La
participación en programas de ejercicio no solo ayuda a reducir la hipertensión, sino
q
ue también mejora el estado de ánimo, reduce los síntomas de depresión y
ansiedad, y mejora la calidad del sueño. Estos factores son especialmente
importantes en los adultos mayores, quienes pueden experimentar un mayor riesgo
de trastornos psicológicos de
bido a la soledad, la pérdida de autonomía o la
presencia de otras enfermedades crónicas (Sallis et al., 201
6
). Por lo tanto, el
ejercicio aeróbico no solo actúa sobre la salud cardiovascular, sino que también
favorece un envejecimiento más saludable y una mejor calidad de vida en general.
En conclusión, el ejercicio aeróbico de intensidad moderada se ha consolidado
como una de las estrategias más efectivas para la reducción de la hipertensión en
adultos mayores. La práctica regular de actividades como caminar, nadar o andar
en bicicleta no
solo reduce la presión arterial, sino que también mejora otros
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aspectos de la salud cardiovascular y mental. Estos beneficios hacen del ejercicio
aeróbico una intervención clave en el manejo de la hipertensión, especialmente en
la población geriátrica, y deben ser promovidos en políticas de salud pública
orientadas a
mejorar la calidad de vida de los adultos mayores
, la siguiente
imagen
ilustra los efectos positivos que la actividad física tiene en la salud cardiovascular,
el control del peso y el bienestar mental.
Figura 1
Beneficios del ejercicio aeróbico para la hipertensión
Nota:
El grafico destaca los principales beneficios del ejercicio aeróbico en la hipertensión, ilustrando
su impacto en la reducción de la presión arterial y la mejora de diversos aspectos de la salud
(Autores, 2023)
3.2.
Barreras para la implementación de programas de ejercicio físico en
adultos mayores
La implementación de programas de ejercicio físico en adultos mayores es esencial
para promover la salud cardiovascular, mejorar la calidad de vida y prevenir el
desarrollo de enfermedades crónicas. Sin embargo, la adopción de la actividad
física entre los
adultos mayores se enfrenta a una serie de barreras que dificultan
su efectividad y accesibilidad. Estas barreras pueden ser de naturaleza física,
psicológica y social, y es fundamental abordarlas para garantizar que los programas
de ejercicio sean inclus
ivos y eficaces. Entre las principales barreras se encuentran
las limitaciones físicas relacionadas con enfermedades crónicas, la falta de
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motivación y la carencia de instalaciones adecuadas, factores que interactúan entre
sí y requieren un enfoque integral para superarlas
(
Villa
-
Feijoó, 2022).
Las limitaciones físicas son una de las principales barreras que afectan la
participación de los adultos mayores en programas de ejercicio físico. A medida que
las personas envejecen, el cuerpo experimenta una serie de cambios fisiológicos,
tales como la p
érdida de masa muscular, la disminución de la flexibilidad, el aumento
de la rigidez arterial y la presencia de enfermedades crónicas como la osteoartritis,
diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Estos factores
limitan la capacidad
de los adultos mayores para participar en ejercicios que
requieren una gran movilidad o esfuerzo físico.
L
a sarcopenia, la pérdida de masa
muscular asociada al envejecimiento, es un factor clave que impide a muchos
adultos mayores realizar ejercicios de carga moderada o alta, lo que limita la
elección de ejercicios adecuados para esta población. La presencia d
e dolor
articular, especialmente en enfermedades como la osteoartritis, también juega un
papel importante en la reducción de la participación en activ
idades físicas. Por
ejemplo, la rigidez y el dolor en las articulaciones pueden hacer que los adultos
mayores eviten actividades como caminar o subir escaleras, que son fundamentales
para mantener la movilidad y la salud cardiovascular (Fielding et al., 20
11). Por lo
tanto, es necesario diseñar programas de ejercicio adaptados que consideren estas
limitaciones, ofreciendo ejercicios de bajo impacto, como caminar a baja intensidad,
nadar o realizar ejercicios de estiramiento y fortalecimiento muscular para m
ejorar
la movilidad y reducir el dolor
(
Villa
-
Feijoó, 2022).
La falta de motivación es otro obstáculo significativo que afecta la participación en
programas de ejercicio físico. Muchos adultos mayores, especialmente aquellos que
no han practicado ejercicio regularmente a lo largo de su vida, pueden carecer de
la mot
ivación necesaria para iniciar y mantener un régimen de actividad física. Este
fenómeno puede estar relacionado con una serie de factores psicológicos y
emocionales, como la depresión, la ansiedad y la baja autoestima, que son comunes
en esta población.
L
o
s adultos mayores con síntomas de depresión o que
experimentan una sensación de desesperanza suelen tener una menor motivación
para participar en actividades físicas. La falta de apoyo social también contribuye a
la desmotivación, ya que muchos adultos may
ores se sienten aislados y carecen de
la red de apoyo necesaria para mantener un estilo de vida activo. El aislamiento
social es un factor importante que puede contribuir a la disminución de la actividad
física, ya que muchas veces los adultos mayores no s
e sienten motivados para
hacer ejercicio de manera individual, y la falta de interacción social puede disminuir
su interés por participar en actividades físicas grupales (Daskalopoulou et al., 2020).
La carencia de instalaciones adecuadas para la realización de ejercicio es otra
barrera significativa que impacta en la implementación de programas de ejercicio
para adultos mayores. Muchas veces, las instalaciones deportivas no están
diseñadas teniendo en
cuenta las necesidades de esta población, lo que limita su
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accesibilidad. Los gimnasios y centros de recreación suelen contar con equipos que
no son adecuados para personas con movilidad reducida o que padecen de ciertas
condiciones médicas, lo que aumenta el riesgo de lesiones durante el ejercicio.
Además, los es
pacios no siempre son accesibles para personas con dificultades de
movimiento, como aquellos con problemas de equilibrio o artritis (American College
of Sports Medicine [ACSM], 2018). En muchas comunidades, la infraestructura de
ejercicio puede estar aleja
da de las zonas residenciales, lo que dificulta el acceso,
especialmente en áreas rurales o suburbanas. Según un informe de la Organización
Mundial de la Salud (2018), el diseño del entorno construido es un factor clave para
facilitar la participación en l
a actividad física, ya que las barreras físicas, como
escaleras, superficies irregulares y falta de rampas, pueden desalentar a los adultos
mayores a acceder a instalaciones deportivas. Es fundamental que las autoridades
locales y los diseñadores urbanos t
engan en cuenta la necesidad de espacios
accesibles y adaptados, como parques con caminos planos, áreas de ejercicio al
aire libre y gimnasios con equipos adaptados.
La falta de transporte adecuado también es una barrera importante para muchos
adultos mayores, especialmente aquellos que viven en áreas rurales o en
comunidades con infraestructura de transporte limitada. La dificultad para acceder
a instalaciones de ejer
cicio debido a la falta de transporte adecuado puede limitar
seriamente la participación en programas de actividad física.
L
a importancia de
ofrecer opciones de transporte accesibles y económicas para los adultos mayores,
para que puedan participar de mane
ra regular en actividades físicas que contribuyan
a su salud general. Esto requiere una coordinación entre los servicios de salud y las
autoridades locales para asegurar que los adultos mayores tengan acceso a los
lugares donde se ofrecen programas de ejer
cicio, además de garantizar que las
instalaciones sean accesibles sin necesidad de vehículos privados.
La falta de conocimiento sobre los beneficios del ejercicio también contribuye a la
baja participación en programas de ejercicio físico. A menudo, los adultos mayores
no son plenamente conscientes de cómo la actividad física puede mejorar su salud
y reduci
r el riesgo de enfermedades crónicas. Los estudios indican que la falta de
educación sobre los efectos beneficiosos del ejercicio y las recomendaciones
actuales sobre la cantidad y tipo de actividad física necesaria contribuyen a la
reticencia de los adult
os mayores a realizar ejercicio (Nelson et al., 2007). Por lo
tanto, los programas de ejercicio deben ir acompañados de una educación continua
que sensibilice a los adultos mayores sobre los beneficios de la actividad física, no
solo para la salud cardiova
scular, sino también para el bienestar general, la mejora
del estado de ánimo y la prevención de caídas.
En conclusión, la implementación de programas de ejercicio físico en adultos
mayores enfrenta múltiples barreras, incluyendo limitaciones físicas, falta de
motivación, carencia de instalaciones adecuadas y barreras sociales como el
aislamiento. Superar est
os obstáculos requiere un enfoque multifacético que aborde
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las necesidades individuales de los adultos mayores, facilite su acceso a
instalaciones adecuadas y proporcione apoyo social y psicológico. La promoción de
la actividad física entre los adultos mayores debe incluir intervenciones que ofrezcan
ejercicios ad
aptados a sus capacidades, fomenten el apoyo social y educativo y
mejoren el acceso a instalaciones deportivas accesibles y adecuadas. Solo así se
podrá garantizar una participación efectiva y sostenible en programas de ejercicio
físico que mejoren la salu
d y la calidad de vida de esta población
(
Mina
-
Villalta &
Sumarriva
-
Bustinza
,
2023).
4. Discusión
La implementación de programas de ejercicio físico en adultos mayores para la
reducción de la hipertensión arterial
enfrenta una serie de desafíos que requieren
una atención detallada y multidimensional. A lo largo de esta revisión, hemos
observado que, aunque el ejercicio aeróbico de intensidad moderada ha
demostrado ser eficaz para la reducción de la presión arterial
en adultos mayores,
existen barreras sustanciales que limitan su adopción generalizada. Las limitaciones
físicas, la falta de motivación y la carencia de instalaciones adecuadas son
obstáculos fundamentales que afectan la efectividad de las intervenciones
y la
participación en estos programas
(
Villa
-
Feijoó, 2022).
Uno de los factores más determinantes para la adopción del ejercicio en adultos
mayores es la presencia de limitaciones físicas asociadas con el envejecimiento.
Las condiciones crónicas como la
osteoartritis, la sarcopenia y las enfermedades
cardiovasculares son prevalentes en este grupo etario y actúan como barreras
significativas para la participación en actividades físicas. Estas afecciones no solo
disminuyen la movilidad, sino que también aum
entan el riesgo de lesiones durante
el ejercicio, lo que genera preocupación entre los adultos mayores y sus cuidadores.
La sarcopenia, en particular, limita la capacidad de realizar actividades de
resistencia o de alta carga, lo que hace necesario adaptar
los programas de ejercicio
para que se centren en actividades de bajo impacto que respeten las limitaciones
de fuerza y flexibilidad. La evidencia sugiere que, para contrarrestar estos efectos,
es crucial ofrecer ejercicios diseñados específicamente para
mejorar la fuerza
muscular y la movilidad sin comprometer la seguridad de los participantes.
Además de las limitaciones físicas, la falta de motivación es una barrera psicológica
que afecta la adherencia a los programas de ejercicio en adultos mayores. La
motivación para hacer ejercicio en esta población puede verse afectada por factores
psicológi
cos como la depresión, la ansiedad y la percepción de que el ejercicio no
tendrá un impacto significativo en su salud. Estos trastornos son comunes en los
adultos mayores y son factores que desincentivan la participación en actividades
físicas. La baja aut
oestima, el miedo a la incapacidad y la sensación de aislamiento
social también contribuyen a esta falta de motivación, ya que muchos adultos
mayores no cuentan con el apoyo necesario para mantener un estilo de vida activo.
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La investigación ha demostrado que el apoyo social y la integración en comunidades
de ejercicio son cruciales para mejorar la adherencia a los programas, ya que la
interacción social motiva a los participantes a mantenerse activos y comprometidos.
En este
sentido, los programas de ejercicio deberían incorporar componentes
sociales que fomenten la creación de redes de apoyo y la participación en
actividades grupales, lo que puede ser un factor determinante para el éxito a largo
plazo
(Sallis et al., 201
6
).
Otro aspecto crítico que hemos identificado es la carencia de instalaciones
adecuadas para la práctica de ejercicio físico. Muchas instalaciones deportivas y
centros de salud no están diseñados para satisfacer las necesidades específicas de
los adultos may
ores, lo que limita su accesibilidad. Los equipos adecuados para
personas con movilidad reducida o problemas de salud son escasos, lo que
restringe las opciones de ejercicio disponibles para este grupo. Además, los
espacios no siempre son accesibles para p
ersonas con dificultades de movimiento,
como aquellos con problemas de equilibrio o artritis. La creación de espacios
accesibles y adaptados a las necesidades físicas de los adultos mayores es, por
tanto, un requisito indispensable para facilitar su partic
ipación en programas de
ejercicio. Las infraestructuras deben incluir caminos planos, rampas de acceso y
equipos de ejercicio que sean fáciles de usar y que minimicen el riesgo de lesiones.
Además, la proximidad de estos espacios a las áreas residenciales
y el acceso a
transporte adecuado son factores esenciales que deben ser considerados en el
diseño y la implementación de programas de ejercicio para adultos mayores
(Pescatello et al., 2015).
La falta de transporte adecuado también es una barrera importante para muchos
adultos mayores, especialmente aquellos que viven en áreas rurales o en
comunidades con infraestructura de transporte limitada. La dificultad para acceder
a instalaciones de ejer
cicio debido a la falta de transporte adecuado puede limitar
seriamente la participación en programas de actividad física. La importancia de
ofrecer opciones de transporte accesibles y económicas para los adultos mayores
es clave, para que puedan participa
r de manera regular en actividades físicas que
contribuyan a su salud general. Esto requiere una coordinación entre los servicios
de salud y las autoridades locales para asegurar que los adultos mayores tengan
acceso a los lugares donde se ofrecen programa
s de ejercicio, además de
garantizar que las instalaciones sean accesibles sin necesidad de vehículos
privados
(Reed et al., 2018).
La falta de conocimiento sobre los beneficios del ejercicio también contribuye a la
baja participación en programas de ejercicio físico. A menudo, los adultos mayores
no son plenamente conscientes de cómo la actividad física puede mejorar su salud
y reduci
r el riesgo de enfermedades crónicas. Muchos no están suficientemente
informados sobre las recomendaciones actuales de actividad física, lo que puede
contribuir a la reticencia de los adultos mayores a realizar ejercicio. Por lo tanto, los
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programas de ejercicio deben ir acompañados de una educación continua que
sensibilice a los adultos mayores sobre los beneficios de la actividad física, no solo
para la salud cardiovascular, sino también para el bienestar general, la mejora del
estado de á
nimo y la prevención de caídas
(
Mina
-
Villalta & Sumarriva
-
Bustinza
,
2023).
En conclusión, la implementación de programas de ejercicio físico en adultos
mayores enfrenta múltiples barreras, incluyendo limitaciones físicas, falta de
motivación, carencia de instalaciones adecuadas y barreras sociales como el
aislamiento. Superar est
os obstáculos requiere un enfoque multifacético que aborde
las necesidades individuales de los adultos mayores, facilite su acceso a
instalaciones adecuadas y proporcione apoyo social y psicológico. La promoción de
la actividad física entre los adultos may
ores debe incluir intervenciones que ofrezcan
ejercicios adaptados a sus capacidades, fomenten el apoyo social y educativo y
mejoren el acceso a instalaciones deportivas accesibles y adecuadas. Solo así se
podrá garantizar una participación efectiva y sost
enible en programas de ejercicio
físico que mejoren la salud y la calidad de vida de esta población
(Fielding et al.,
2011).
5. Conclusiones
En conclusión, el ejercicio físico, particularmente el ejercicio aeróbico de intensidad
moderada, ha demostrado ser una intervención eficaz en la reducción de la
hipertensión arterial en adultos mayores, con efectos positivos no solo sobre la
presión arter
ial, sino también en la mejora general de la salud cardiovascular y el
bienestar general de este grupo etario. Sin embargo, a pesar de los beneficios
evidentes, la implementación de programas de ejercicio físico en adultos mayores
enfrenta múltiples barrer
as que limitan su efectividad. Las limitaciones físicas,
derivadas de las condiciones de salud crónicas asociadas al envejecimiento, son
uno de los principales obstáculos, ya que afectan la movilidad, la fuerza muscular y
la capacidad funcional. Estas limi
taciones requieren un enfoque adaptado, con
programas de ejercicio que se ajusten a las necesidades específicas de esta
población para garantizar su seguridad y efectividad.
Además de las barreras físicas, la falta de motivación representa un desafío
importante. Factores psicológicos como la depresión, la ansiedad y el aislamiento
social pueden disminuir la disposición de los adultos mayores para participar en
programas de eje
rcicio, lo que subraya la necesidad de integrar componentes de
apoyo social y motivacional en estos programas. Fomentar redes de apoyo y crear
entornos donde los adultos mayores puedan compartir experiencias y motivarse
mutuamente puede ser clave para mejo
rar la adherencia a las intervenciones.
Asimismo, la carencia de instalaciones adecuadas y accesibles para los adultos
mayores constituye otra barrera significativa. La infraestructura de muchos centros
deportivos no está diseñada para satisfacer las necesidades de esta población, lo
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que limita su acceso a espacios seguros y funcionales para la realización de
ejercicio. Es fundamental que las políticas públicas y los diseñadores de espacios
urbanos consideren las necesidades de los adultos mayores al crear y adaptar
instalaciones de ej
ercicio que favorezcan su participación. Además, el acceso a
transporte adecuado y la proximidad de estas instalaciones son aspectos esenciales
para garantizar que los adultos mayores puedan beneficiarse de los programas de
actividad física sin obstáculos
adicionales.
A pesar de estos desafíos, es indiscutible que el ejercicio físico tiene un impacto
positivo en la salud de los adultos mayores, y su implementación debe ser vista
como una estrategia esencial para el manejo de la hipertensión y la mejora de la
calidad de
vida. Es necesario un enfoque integral que considere no solo los
aspectos físicos, sino también los psicológicos, sociales y ambientales. Las
intervenciones deben ser diseñadas de manera que se adapten a las capacidades
y limitaciones individuales de los a
dultos mayores, y deben estar respaldadas por
una educación continua sobre los beneficios del ejercicio. Solo mediante un enfoque
holístico y accesible se podrá asegurar que los adultos mayores se beneficien
plenamente de los programas de ejercicio físico,
mejorando su salud, reduciendo el
riesgo de enfermedades cardiovasculares y promoviendo un envejecimiento más
saludable y activo.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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