Artículo Científico
Space Scientific Journal of Multidisciplinary | Vol. 0
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–
Junio
202
4
| ISSN:
3091
-
183
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El rol de las emociones en la atención sostenida
durante actividades escolares en niños
The role of emotions in sustained attention during school
activities in children
Sarango
-
Chillo, Blanca Elizabeth
1
Recibido:
03
/
01
/20
23
Aceptado:
06
/
02
/20
23
Publicado:
30
/
04
/20
24
Cita:
Sarango
-
Chillo, B. E. (2024). El rol de las emociones en la atención sostenida durante
actividades escolares en niños.
Space Scientific Journal of Multidisciplinary
,
2
(2), 14
-
26.
https://doi.org/10.63618/omd/ssjm/v2/n2/28
Resumen
La presente revisión bibliográfica analiza el impacto de las emociones en la atención
sostenida durante actividades escolares en niños, una capacidad clave para el aprendizaje
en la infancia. A partir de un enfoque cualitativo exploratorio, se sistematizar
on estudios de
alta calidad científica publicados entre 2005 y 2024 en bases como Scopus y Web of
Science, centrados en la interacción entre emoción, atención y entorno escolar. Los
hallazgos evidencian que las emociones modulan redes cerebrales involucrad
as en el
control atencional, como la amígdala y la corteza prefrontal, afectando positiva o
negativamente el rendimiento cognitivo según su intensidad y regulación. Además, se
identificó que una adecuada regulación emocional mejora significativamente la at
ención
sostenida, favoreciendo el desempeño escolar. Programas de aprendizaje socioemocional
y climas educativos emocionalmente positivos se presentan como estrategias eficaces para
potenciar esta competencia. Se concluye que integrar el desarrollo emocion
al en la práctica
educativa es crucial para optimizar la atención y promover un aprendizaje significativo.
Palabras clave:
emociones; atención
sostenida; educación infantil; regulación emocional;
aprendizaje escolar.
Abstract
This literature review analyzes the impact of emotions on sustained attention during school
activities in children, a key capacity for learning in childhood. Using an
exploratory qualitative
approach, we systematized high quality scientific studies published between 2005 and 2024
in databases such as Scopus and Web of Science, focusing on the interaction between
emotion, attention and school environment. The findings sh
ow that emotions modulate brain
networks involved in attentional control, such as the amygdala and the prefrontal cortex,
positively or negatively affecting cognitive performance according to their intensity and
regulation. In addition, it was identified t
hat adequate emotional regulation significantly
improves sustained attention, favoring school performance. Social
-
emotional learning
programs and emotionally positive educational climates are presented as effective
strategies to enhance this competence. It
is concluded that integrating emotional
development in educational practice is crucial to optimize attention and promote meaningful
learning.
Keywords:
emotions; sustained attention; early childhood education; emotional regulation;
school learning.
1
Sarango
-
Chillo, Blanca Elizabeth
;
Ecuador
,
Orellana
;
https://orcid.org/0000
-
0002
-
6007
-
0508
;
elizabeth_282000@hotmail.com
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1. Introducción
La atención sostenida es una capacidad cognitiva fundamental en el contexto
escolar, ya que permite a los estudiantes mantener el enfoque en tareas durante
períodos prolongados, facilitando así la adquisición de conocimientos y el
rendimiento académico (Po
sner & Rothbart, 2007). En la infancia, el desarrollo de
esta habilidad es particularmente crucial, debido a la alta plasticidad cerebral y a la
formación de hábitos cognitivos que influirán en el desempeño escolar futuro (Rueda
et al., 2005). Sin embargo,
uno de los elementos menos explorados en profundidad
dentro de este proceso es el papel de las emociones en la modulación de la atención
sostenida. La interacción entre emoción y atención ha sido reconocida por la
neurociencia cognitiva como un componente
esencial en la dinámica del
aprendizaje, aunque todavía persisten vacíos en cuanto a su influencia directa en el
contexto escolar infantil (Pessoa, 2009).
Diversas investigaciones han evidenciado que las emociones influyen de manera
significativa en los procesos atencionales. Las emociones positivas, por ejemplo,
pueden ampliar el foco atencional y facilitar el procesamiento de la información,
mientras que l
as emociones negativas tienden a reducirlo, promoviendo un enfoque
más estrecho y específico (Fredrickson, 2001; Schmitz et al., 2009). En el entorno
escolar, donde los niños están constantemente expuestos a estímulos emocionales
variados
—
desde la relació
n con sus pares hasta la interacción con docentes y la
presión por el rendimiento académico
—
, estas emociones pueden incidir
directamente en su capacidad para mantener la atención durante las actividades
escolares (Immordino
-
Yang & Damasio, 2007).
Las afectaciones que produce una mala regulación emocional en la atención
sostenida pueden manifestarse en bajo rendimiento académico, aumento de la
desmotivación, mayor propensión al aburrimiento y, en casos extremos, síntomas
de trastornos atencionales c
omo el TDAH (Kofler et al., 2019). Asimismo, la falta de
reconocimiento de este vínculo por parte de docentes y profesionales de la
educación impide el diseño de estrategias pedagógicas que consideren la
dimensión emocional como un componente integral del
aprendizaje. En este
sentido, es preocupante que muchas intervenciones educativas se enfoquen
exclusivamente en los contenidos curriculares, dejando de lado los aspectos
emocionales que afectan directamente el desempeño cognitivo de los estudiantes
(Pekrun
& Linnenbrink
-
Garcia, 2012).
Frente a este panorama, es necesario realizar una revisión exhaustiva de la
literatura científica actual sobre el rol de las emociones en la atención sostenida en
niños durante actividades escolares. Esta revisión se justifica no solo por el interés
crecie
nte en comprender cómo interactúan los procesos afectivos y cognitivos en el
desarrollo infantil, sino también por la urgencia de aplicar estos conocimientos en el
diseño de entornos educativos emocionalmente favorables. La viabilidad de esta
investigación
radica en la existencia de un corpus considerable de estudios
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interdisciplinarios provenientes de la psicología, la neurociencia y la pedagogía, lo
que permite establecer un análisis integral y actualizado del estado del arte.
Además, comprender esta relación puede contribuir al diseño de estrategias
pedagógicas que potencien la atención sostenida mediante la promoción de
ambientes emocionales positivos en el aula, prácticas de regulación emocional y
metodologías activas que inv
olucren al estudiante no solo cognitivamente, sino
también afectivamente (Brackett et al., 2011). Esto se vuelve especialmente
relevante en la educación primaria, donde las emociones son intensas, cambiantes
y juegan un papel decisivo en la forma en que lo
s niños se relacionan con el
conocimiento.
El objetivo principal de esta revisión
bibliográfica es analizar críticamente la
evidencia científica existente sobre el papel que juegan las emociones en la
atención sostenida durante las actividades escolares en niños, con el fin de
identificar los mecanismos neurocognitivos subyacentes, las
variables contextuales
implicadas y las implicaciones pedagógicas que derivan de esta interacción. A
través de este análisis, se pretende contribuir al desarrollo de un enfoque educativo
más holístico, que reconozca la interdependencia entre los aspectos e
mocionales y
cognitivos del aprendizaje infantil. Esta revisión también busca señalar vacíos en la
literatura y proponer futuras líneas de investigación orientadas a una comprensión
más profunda de este fenómeno y su aplicación práctica en contextos escola
res.
2. Materiales y Métodos
El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque cualitativo con carácter
exploratorio, empleando la metodología de revisión bibliográfica sistemática para
analizar el papel de las emociones en la atención sostenida durante actividades
escolares en niños.
Este tipo de revisión permite identificar, evaluar y sintetizar la
información científica disponible sobre un fenómeno específico, aportando una
visión integral de su estado actual y proponiendo nuevas perspectivas de análisis.
Se seleccionaron fuentes pr
ovenientes exclusivamente de bases de datos
académicas reconocidas, como Scopus y Web of Science, lo que garantiza la
calidad, actualidad y relevancia científica de los estudios incluidos.
El proceso metodológico se inició con la delimitación del tema de investigación y la
formulación de la pregunta guía, orientada a comprender cómo influyen las
emociones en la capacidad de los niños para mantener la atención durante
actividades escolares. A
partir de esta pregunta, se definieron los criterios de
inclusión y exclusión. Se consideraron únicamente artículos empíricos, teóricos y de
revisión publicados entre 2005 y 2024, escritos en español o inglés, que abordaran
la interacción entre emociones,
atención sostenida y contexto escolar infantil. Se
excluyeron trabajos duplicados, documentos sin revisión por pares, literatura gris y
estudios centrados en poblaciones adultas o en contextos no escolares.
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La búsqueda de información se realizó utilizando combinaciones de palabras clave
en inglés y español, tales como "emotion", "sustained attention", "school children",
"educational context", "emotional regulation", "attentional processes", "emociones",
"aten
ción sostenida", "niños", y "contexto escolar". Estas combinaciones se
adaptaron a los filtros y operadores booleanos de cada base de datos, con el fin de
optimizar la recuperación de documentos pertinentes. Posteriormente, se procedió
a la lectura de títu
los, resúmenes y palabras clave, para seleccionar los artículos
que cumplían con los criterios establecidos. Los textos completos de los estudios
seleccionados fueron revisados minuciosamente para garantizar su relevancia y
validez en el marco del objetivo
de la presente investigación.
El análisis de la información se realizó mediante una estrategia de categorización
temática, agrupando los estudios en torno a tres ejes principales: fundamentos
neurocognitivos de la atención y la emoción, evidencias empíricas sobre su
interacción en la i
nfancia, e implicaciones pedagógicas derivadas de dicha
interacción. Esta categorización permitió organizar los hallazgos de forma
coherente, facilitando la identificación de patrones, coincidencias y vacíos en la
literatura existente. Se priorizó la inclu
sión de estudios que ofrecieran aportes
significativos desde la psicología cognitiva, la neurociencia afectiva y la educación,
con el propósito de construir una visión multidisciplinaria del fenómeno.
Finalmente, se elaboró una síntesis crítica de los resultados, considerando tanto la
consistencia metodológica de los estudios revisados como la pertinencia de sus
conclusiones en relación con el tema investigado. Esta revisión, al centrarse en
fuentes cie
ntíficas de alta calidad, proporciona un panorama riguroso y actualizado
sobre el rol de las emociones en la atención sostenida en niños durante actividades
escolares, ofreciendo un fundamento sólido para futuras investigaciones e
intervenciones educativas
.
3. Resultados
3.
1. Influencia neurocognitiva: Las emociones afectan las redes cerebrales de
la atención
La atención sostenida es un proceso cognitivo de alto nivel que permite mantener
el enfoque en una tarea durante un periodo prolongado. Este proceso, fundamental
para el aprendizaje en la infancia, no opera de manera aislada, sino que está
profundamente in
fluenciado por factores emocionales. La interacción entre emoción
y atención se sustenta en bases neurobiológicas que han sido ampliamente
investigadas en las últimas décadas, revelando que las emociones modulan el
funcionamiento de redes cerebrales clave
involucradas en el control atencional
(Pessoa, 2008; Vuilleumier, 2005). Esta modulación puede resultar en una
facilitación o en una interferencia del rendimiento atencional, dependiendo de la
naturaleza, intensidad y valencia de la emoción experimentada.
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Desde una perspectiva neuroanatómica, las principales estructuras implicadas en
esta interacción incluyen la amígdala, la corteza prefrontal dorsolateral (CPFDL), la
corteza cingulada anterior (CCA), la ínsula y los ganglios basales. La amígdala,
tradicion
almente asociada al procesamiento emocional, especialmente de estímulos
negativos o amenazantes, desempeña un papel crucial en la detección de la
relevancia emocional de los estímulos y en la asignación de recursos atencionales
hacia ellos (Vuilleumier, 20
05). Esta función adaptativa puede, no obstante,
convertirse en un obstáculo para la atención sostenida cuando los estímulos
emocionales compiten con la tarea cognitiva principal. Por ejemplo, estudios de
neuroimagen han demostrado que la activación de la
amígdala ante estímulos
negativos puede suprimir la actividad en regiones de la corteza prefrontal
involucradas en el control ejecutivo, lo cual compromete la capacidad de
concentración (Dolcos & McCarthy, 2006).
La corteza prefrontal, en particular su porción dorsolateral, es responsable del
mantenimiento de la atención voluntaria, la inhibición de respuestas automáticas y
la regulación de impulsos. Durante la infancia, esta región aún se encuentra en
proceso de m
aduración, lo que incrementa la vulnerabilidad del sistema atencional
a la interferencia emocional (Casey et al., 2005). En contextos escolares, donde los
niños están expuestos a una multiplicidad de estímulos sociales y afectivos
—
desde
la interacción con
compañeros hasta las exigencias del entorno académico
—
, esta
vulnerabilidad puede traducirse en dificultades para sostener la atención cuando
surgen emociones intensas no reguladas.
Asimismo, la red neuronal conocida como
salience network
(red de prominencia),
conformada por la ínsula anterior y el cíngulo anterior dorsal, cumple un rol
fundamental en detectar estímulos emocionalmente significativos y en facilitar la
transición entre otras redes cognitivas como la red ejecutiva central y l
a red por
defecto (Seeley et al., 2007; Menon, 2011). Esta red actúa como un sistema de
alerta que decide qué estímulos deben priorizarse para el procesamiento
consciente. En condiciones emocionales i
ntensas, especialmente de ansiedad o
estrés, esta red puede volverse hiperactiva, lo cual lleva a una constante
reorientación de la atención hacia estímulos distractores, disminuyendo así el
rendimiento en tareas escolares que requieren atención prolongada
.
El desarrollo funcional de las conexiones entre la amígdala y la corteza prefrontal
ha sido objeto de especial interés en estudios de neurodesarrollo. Investigaciones
longitudinales han demostrado que, a lo largo de la infancia y la adolescencia, se
produc
e un cambio en la conectividad funcional entre estas regiones: de una
conectividad positiva (mayor activación conjunta) hacia una conectividad negativa
(mayor control inhibitorio de la prefrontal sobre la amígdala) (Gee et al., 2013). Este
cambio permite a
los individuos modular con mayor eficacia las reacciones
emocionales ante estímulos ambientales, favoreciendo una atención más estable y
controlada. En niños pequeños, donde este circuito aún no está consolidado, las
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emociones intensas
—
como el miedo, la frustración o incluso la euforia
—
pueden
ejercer una influencia desproporcionada sobre la atención, afectando directamente
el desempeño académico.
Por otro lado, las emociones positivas también juegan un rol significativo en la
modulación atencional. La teoría de la ampliación y construcción de Fredrickson
(2001) sostiene que las emociones positivas amplían el repertorio de pensamientos
y acciones po
sibles, lo que se traduce en una mayor flexibilidad cognitiva y atención
más distribuida. Neurobiológicamente, esto se relaciona con la activación de los
circuitos dopaminérgicos y de recompensa, que estimulan áreas prefrontales
asociadas con la motivación
, el interés y la persistencia en tareas cognitivas
(Immordino
-
Yang & Damasio, 2007). Por lo tanto, un entorno educativo que fomente
emociones positivas puede favorecer indirectamente el desarrollo de la atención
sostenida.
En suma, la evidencia neurocientífica actual confirma que las emociones no son
elementos periféricos del funcionamiento cognitivo, sino componentes centrales que
interactúan con las redes cerebrales responsables de la atención. Esta interacción
es especial
mente relevante durante la infancia, periodo en el cual el sistema
nervioso aún está en formación y, por ende, es más sensible a las influencias
emocionales. Reconocer esta relación desde una perspectiva neurocognitiva
permite no solo una mejor comprensión
de las dificultades atencionales en el
contexto escolar, sino también el diseño de estrategias educativas más efectivas
que integren la dimensión emocional como parte del proceso de aprendizaje
, en la
siguiente figura 1 se presentara la
atención sostenida
que
no actúa de forma aislada,
sino que se ve influenciada por emociones, estructuras cerebrales y el entorno.
Figura 1
Claves de la atención: influencia emocional y factores asociados
Nota:
Esta
figura
ilustra los principales elementos que intervienen en la regulación de la atención,
cómo las emociones y el ambiente interactúan con procesos neurocognitivos clave
(Autores, 202
4
).
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3.
2. Implicaciones educativas: La regulación emocional mejora la atención en
el aula
El desarrollo de la atención sostenida durante la infancia no puede ser comprendido
ni abordado de forma eficaz sin considerar la influencia directa de las emociones y,
especialmente, de la capacidad de regularlas. La regulación emocional, definida
como la
habilidad para monitorear, evaluar y modificar las reacciones emocionales
en función de objetivos contextuales (Gross, 2015), se convierte en un factor
determinante para el funcionamiento cognitivo, particularmente en entornos
académicos donde se exige un
alto control atencional. En este marco, múltiples
estudios desde la neurociencia, la psicología del desarrollo y la pedagogía han
demostrado que una regulación emocional eficaz no solo favorece el bienestar
socioemocional de los niños, sino que también op
timiza el rendimiento atencional,
reduciendo la distracción, la impulsividad y la reactividad emocional que interfieren
con las tareas escolares (Blair & Raver, 2015; McRae et al., 2012).
En contextos escolares, los niños están continuamente expuestos a situaciones
emocionalmente cargadas: evaluaciones, competencia con sus pares, normas
conductuales, interacciones con adultos, y eventos inesperados. Frente a estos
desafíos, la capacidad para regular las emociones se convierte en un facilitador
clave del aprendizaje,
al permitir que el estudiante sostenga su atención en los
objetivos pedagógicos sin ser desbordado por estímulos afectivos perturbadores
(Zelazo & Lyons, 2012). La regulación emocional adecuada modula la actividad de
regiones cerebrales como la corteza pre
frontal dorsolateral y la corteza cingulada
anterior, que están implicadas en el control ejecutivo y la atención dirigida,
disminuyendo la interferencia generada por la activación excesiva de estructuras
subcorticales como la amígdala (Ochsner et al., 2012
).
Durante la infancia, estas redes neurocognitivas se encuentran en una fase de
maduración progresiva. Los estudios de neurodesarrollo indican que la conectividad
funcional entre las regiones frontales y límbicas mejora con la edad, posibilitando
un control
más eficiente de las emociones y, por tanto, una mayor estabilidad
atencional (Gee et al., 2013). Sin embargo, esta maduración no se produce de
manera homogénea en todos los niños ni de forma automática. Intervenciones
educativas orientadas a fortalecer la
regulación emocional pueden acelerar y
consolidar estos procesos, proporcionando a los estudiantes herramientas para
enfrentar las demandas cognitivas del aula sin ser sobrepasados emocionalmente.
Una de las vías más eficaces para promover la regulación emocional en contextos
educativos es la implementación de programas de aprendizaje socioemocional
(
social and emotional learning
, SEL), que enseñan explícitamente competencias
como la identificación de emociones, el autocontrol, la empatía y la resolución
pacífica de conflictos. Estas competencias, además de fomentar un clima escolar
positivo, han demostrado ser predictoras del ren
dimiento académico y del desarrollo
de funciones ejecutivas, incluyendo
la atención sostenida (Durlak et al., 2011). Los
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meta
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análisis realizados sobre intervenciones SEL indican que estas no solo
mejoran el comportamiento prosocial y reducen la conducta disruptiva, sino que
también se asocian con un incremento medio del rendimiento académico de 11
puntos porcentuales (Taylo
r et al., 2017).
Uno de los programas más destacados en este campo es PATHS (Promoting
Alternative Thinking Strategies), diseñado para niños de educación preescolar y
primaria. Este programa enseña a los estudiantes a reconocer emociones, utilizar
lenguaje emocional, difer
enciar entre emociones y conductas, y practicar
estrategias de regulación como la respiración, el pensamiento reflexivo o la
revaluación cognitiva. La implementación sistemática de PATHS ha evidenciado
mejoras significativas en el control atencional, la au
torregulación emocional y el
desempeño académico, especialmente en niños provenientes de contextos
vulnerables (Domitrovich et al., 2007).
El contexto del aula también representa un factor modulador crítico. Un clima
emocional positivo
—
caracterizado por relaciones cálidas entre docentes y
estudiantes, normas claras, comunicación abierta y oportunidades para la expresión
emocional
—
potencia e
l desarrollo de la regulación emocional, lo que a su vez
facilita el enfoque atencional sostenido. Estudios han demostrado que los docentes
emocionalmente competentes, que modelan estrategias de autorregulación y
gestionan sus propias emociones de forma ef
ectiva, generan ambientes de
aprendizaje más seguros, lo cual impacta directamente en el nivel de atención de
los alumnos (Jennings & Greenberg, 2009). De hecho, programas como CARE
(Cultivating Awareness and Resilience in Education) han mostrado que la fo
rmación
docente en competencias socioemocionales se traduce en una mejora de la calidad
del ambiente de aula, mayor compromiso estudiantil y menor incidencia de
conductas distractoras (Jennings et al., 2017).
Además, prácticas basadas en la atención plena (
mindfulness
), cuando son
adaptadas e integradas de forma pedagógica, también han demostrado efectos
positivos en la regulación emocional y la atención sostenida. Intervenciones breves
de
mindfulness
en estudiantes de primaria han mostrado mejoras en el tiempo de
concentración, reducción del estrés escolar y aumento del autocontrol (Zelazo &
Lyons, 2012). Estas prácticas permiten a los niños observar sus emociones sin
dejarse arrastrar por ellas, lo q
ue increme
nta la metacognición y la conciencia
emocional, herramientas esenciales para sostener la atención frente a distracciones
internas y externas.
No obstante, es necesario señalar que la eficacia de estas estrategias depende de
su implementación continua, adaptada al contexto cultural y acompañada por una
formación adecuada del personal educativo. La regulación emocional no debe ser
concebida como u
na habilidad periférica o complementaria, sino como una
competencia transversal que permea todos los aspectos del desarrollo infantil y que
actúa como catalizador del rendimiento atencional y académico. La promoción de
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estas habilidades, además, contribuye a la equidad educativa, ya que ofrece
recursos compensatorios a estudiantes que provienen de entornos adversos y que
presentan mayores dificultades en el manejo emocional (Jones & Kahn, 2017).
En conclusión, la regulación emocional se posiciona como un componente
fundamental para el desarrollo y mantenimiento de la atención sostenida en
contextos escolares. Su influencia se manifiesta a través de múltiples rutas:
modulación de redes cerebrales a
tencionales, reducción del estrés, mejora del
ambiente de aula y fortalecimiento de las competencias ejecutivas. Las políticas
educativas y las prácticas pedagógicas que incorporan de manera sistemática el
entrenamiento emocional desde edades tempranas est
án no solo promoviendo el
bienestar psicológico de los estudiantes, sino también creando las condiciones
necesarias para una atención prolongada, profunda y eficaz, indispensable para el
aprendizaje significativo.
4. Discusión
La evidencia analizada a lo largo de esta revisión bibliográfica pone de manifiesto
que la
relación entre las emociones y la atención sostenida en niños es compleja,
multifactorial y está profundamente anclada en procesos neurocognitivos y
educativos que interactúan de manera dinámica. Esta interacción comienza a
evidenciarse desde las primeras
etapas del desarrollo, cuando los sistemas
cerebrales responsables del procesamiento emocional y del control atencional se
encuentran en formación y son especialmente sensibles a las condiciones del
entorno. Estructuras como la amígdala y la corteza prefro
ntal participan en circuitos
funcionales que determinan si un niño será capaz de mantener el foco atencional
en tareas escolares, o si, por el contrario, sucumbirá ante distracciones internas o
externas provocadas por estados emocionales intensos.
Uno de los hallazgos más significativos de esta revisión es que las emociones no
deben concebirse como simples interferencias del proceso cognitivo, sino como
elementos constitutivos del mismo. La cognición y la emoción coexisten en una
interdependencia fu
ncional, donde los estados afectivos pueden facilitar o dificultar
la atención dependiendo de su valencia, intensidad y del contexto en que se
producen. Esta perspectiva integradora sitúa a la emoción como un modulador de
las funciones ejecutivas, lo cual
adquiere particular relevancia en entornos
escolares donde se espera que el niño mantenga la atención durante períodos
prolongados, a menudo sin contar con las estrategias de regulación necesarias.
En este sentido, resulta evidente que los mecanismos de regulación emocional
desempeñan un papel mediador entre las emociones y la atención sostenida.
Aquellos niños que poseen habilidades para identificar, comprender y gestionar sus
emociones presentan un
a mayor capacidad para mantener la concentración frente
a situaciones desafiantes, evitando la disrupción cognitiva que suele acompañar a
la sobrecarga emocional. Esto se manifiesta tanto en el funcionamiento cerebral,
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con una mayor coordinación entre regiones corticales y subcorticales, como en el
comportamiento observable, reflejado en la persistencia ante tareas cognitivas
complejas y en una menor susceptibilidad a la distracción.
La implicación educativa de estos hallazgos es contundente. El entorno escolar no
puede permanecer ajeno a esta relación entre emoción y atención, especialmente
en una etapa como la infancia en la que se están configurando las bases del
aprendizaje autónom
o. Programas educativos diseñados para el fortalecimiento de
competencias socioemocionales han demostrado, de forma empírica, que la
enseñanza sistemática de estas habilidades no solo mejora el ambiente de aula,
sino que potencia la atención sostenida y, e
n consecuencia, el rendimiento
académico. Los efectos positivos de dichas intervenciones, además, tienden a
mantenerse en el tiempo, ya que consolidan estructuras y procesos cognitivos que
favorecen la autorregulación.
Asimismo, el rol del docente emerge como un elemento crítico en esta ecuación.
Los educadores que poseen competencias emocionales sólidas y que implementan
prácticas pedagógicas sensibles al estado afectivo de sus estudiantes contribuyen
a crear entornos d
e aprendizaje más seguros, inclusivos y estimulantes. En estos
espacios, los estudiantes se sienten emocionalmente contenidos, lo que reduce el
estrés escolar y facilita una mayor disponibilidad atencional. Este efecto se ve
fortalecido cuando se incorpora
n metodologías centradas en el bienestar emocional,
como el uso de rutinas de atención plena, actividades de reflexión emocional o el
trabajo cooperativo con enfoque afectivo.
Además, prácticas como la atención plena han demostrado ser especialmente útiles
en contextos escolares, ya que permiten a los estudiantes desarrollar una mayor
conciencia de sus estados internos y responder ante ellos de manera más
equilibrada. Estas prác
ticas favorecen la metacognición, la autoobservación y el
control inhibitorio, elementos esenciales para mantener la atención frente a
estímulos distractores. La implementación de dichas estrategias no requiere de
grandes recursos materiales, pero sí de un
a formación adecuada del personal
docente y de una visión institucional que valore el desarrollo integral del estudiante.
Pese a los avances, todavía existen desafíos significativos para integrar
eficazmente estas prácticas en los sistemas educativos. Entre ellos se encuentran
la falta de formación específica en competencias socioemocionales para docentes,
la resistencia inst
itucional a incorporar enfoques no tradicionalmente académicos y
la ausencia de políticas públicas que reconozcan de forma explícita el impacto de la
dimensión emocional en el aprendizaje. Superar estos obstáculos requiere una
transformación cultural en el
ámbito educativo, donde se entienda que el
aprendizaje es un proceso holístico que involucra, inseparablemente, los aspectos
cognitivos y afectivos del desarrollo infantil.
En síntesis, esta revisión confirma que las emociones y la atención sostenida se
entrelazan en una relación bidireccional que debe ser reconocida y promovida en el
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contexto educativo. La regulación emocional se configura como una herramienta
imprescindible no solo para el bienestar psicológico, sino también para la
optimización de los recursos atencionales necesarios para el aprendizaje. La
incorporación de enfoques
pedagógicos que integren el desarrollo emocional en la
práctica docente representa una vía efectiva para potenciar la atención sostenida y,
con ello, garantizar una educación más equitativa, significativa y adaptada a las
necesidades reales del niño.
5. Conclusiones
La presente revisión bibliográfica ha permitido evidenciar que las emociones
desempeñan un papel determinante en el desarrollo y mantenimiento de la atención
sostenida durante las actividades escolares en niños. Esta relación, lejos de ser
secundaria, cons
tituye un eje central en la comprensión de los procesos cognitivos
implicados en el aprendizaje infantil, ya que las emociones influyen directamente en
la activación y regulación de las redes cerebrales responsables del control
atencional.
Asimismo, se concluye que la regulación emocional actúa como un factor mediador
clave en esta dinámica. Los niños que poseen mayores habilidades para gestionar
sus emociones muestran una mejor capacidad para sostener la atención ante
demandas cognitivas pr
olongadas, lo cual repercute positivamente en su
rendimiento académico y comportamiento escolar. En consecuencia, el desarrollo
de estas competencias emocionales no debe ser considerado un aspecto
complementario del currículo, sino un componente esencial p
ara el fortalecimiento
de las funciones ejecutivas en el contexto educativo.
Además, se identificó que el entorno escolar y, en particular, el rol del docente tienen
una influencia significativa sobre esta relación. Los docentes que promueven un
clima emocional positivo, modelan estrategias de autorregulación y aplican
metodologías
centradas en el bienestar emocional de los estudiantes, contribuyen
a generar condiciones que favorecen el enfoque atencional y el aprendizaje
sostenido.
Finalmente, se destaca la necesidad de integrar de forma sistemática la educación
emocional en las políticas educativas y en la formación del profesorado. Solo a
través de una visión pedagógica que articule los componentes afectivos y cognitivos
del aprend
izaje será posible promover una educación más integral, adaptada a las
características del desarrollo infantil, y capaz de responder a los desafíos que
impone el contexto escolar actual. Esta integración representa no solo una mejora
en términos de rendimi
ento académico, sino también un avance hacia una
educación centrada en el ser humano en su totalidad.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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