Artículo Científico
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| ISSN:
3091
-
183
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Relación entre la inteligencia emocional y el
rendimiento académico en adolescentes
Relationship between emotional intelligence and academic
performance in adolescents
Mongón
-
Vega, Andrea Maricela
1
;
Hernández
-
Silva, Stalin
Gonzalo
2
;
Dalgo
-
Rovayo,
Joyce Estefanía
3
;
López
-
Sánchez, Audrys María
4
.
Recibido:
18
/
04
/20
24
Aceptado:
18
/
05
/20
24
Publicado:
31
/
07
/20
24
Cita:
Mongón
-
Vega, A. M., Hernández
-
Silva, S. G., Dalgo
-
Rovayo, J. E., & López
-
Sánchez, A. M.
(2024).
Relación entre la inteligencia emocional y el rendimiento académico en
adolescentes.
Space Scientific Journal of Multidisciplinary
,
2
(3), 14
-
27.
https://doi.org/10.63618/omd/ssjm/v2/n3/32
Resumen
La adolescencia es una etapa crítica en la que confluyen transformaciones emocionales y
cognitivas que afectan directamente el rendimiento académico, sin embargo, el énfasis
tradicional en variables
cognitivas como el coeficiente intelectual ha invisibilizado el papel
crucial de la inteligencia emocional (IE). Este artículo, mediante una revisión bibliográfica
de 28 estudios publicados entre 2010 y 2024, analiza la relación entre la IE y el rendimient
o
académico en adolescentes. Se identificaron como dimensiones clave la autorregulación
emocional y la empatía, destacando su impacto en la gestión del estrés, la motivación
intrínseca y las relaciones interpersonales en el entorno escolar. Los resultados
evidencian
una correlación positiva y consistente entre IE y desempeño académico,
independientemente del contexto cultural o socioeconómico. Se concluye que el desarrollo
de competencias emocionales debe integrarse al currículo escolar como una estrategia
efectiva para fortalecer el aprendizaje, prevenir conductas disfuncionales y promover el
bienestar integral de los estudiantes.
Palabras clave:
inteligencia emocional; rendimiento académico; adolescencia.
Abstract
Adolescence is a critical stage in which emotional and cognitive transformations converge
and directly affect academic performance; however, the traditional emphasis on cognitive
variables such as IQ has made the crucial role of emotional intelligence (EI)
invisible. This
article, through a literature review of 28 studies published between 2010 and 2024, analyzes
the relationship between EI and academic performance in adolescents. Emotional self
-
regulation and empathy were identified as key dimensions, high
lighting their impact on
stress management, intrinsic motivation and interpersonal relationships in the school
environment. The results show a positive and consistent correlation between EI and
academic performance, regardless of cultural or socioeconomic
context. It is concluded that
the development of emotional competencies should be integrated into the school curriculum
as an effective strategy to strengthen learning, prevent dysfunctional behaviors, and
promote the integral well
-
being of students.
Keywords:
emotional intelligence; academic performance; adolescence.
1
Investigador Independiente
;
Ecuador
,
Orellana
;
https://orcid.org/0000
-
0003
-
0703
-
5700
;
amongon97@gmail.com
2
Investigador Independiente
;
Ecuador
,
Orellana
;
https://orcid.org/0009
-
0009
-
4837
-
649X
;
herstalin.ps.org@gmail.com
3
Investigador Independiente
;
Ecuador
,
Pastaza
;
https://orcid.org/0009
-
0009
-
2927
-
6514
;
joyce_4215@hotmail.com
4
Investigador Independiente
;
Ecuador
,
Orellana
;
https://orcid.org/0009
-
0001
-
6916
-
1799
;
audrys.maria@yahoo.com
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1. Introducción
La adolescencia es una etapa crucial en el desarrollo humano, caracterizada por
significativos cambios biológicos, psicológicos y sociales que influyen de manera
directa en los procesos de aprendizaje y en la
formación de la identidad personal.
En este contexto, el rendimiento académico constituye uno de los principales
indicadores del desarrollo educativo y se relaciona con múltiples variables
cognitivas y no cognitivas. Entre estas últimas, la inteligencia em
ocional (IE) ha
despertado creciente interés en la investigación científica por su potencial para
predecir y mejorar los resultados escolares, especialmente en poblaciones
adolescentes (Mayer, Salovey & Caruso, 2016). Sin embargo, persisten
interrogantes s
obre el alcance real de esta relación, las dimensiones específicas de
la IE implicadas y los mecanismos mediante los cuales influye sobre el desempeño
académico.
A pesar de los avances en el estudio del papel de las emociones en el aprendizaje,
el enfoque tradicional del rendimiento académico ha privilegiado factores como el
coeficiente intelectual (CI), las habilidades metacognitivas y los recursos
socioeconómicos
, relegando a un segundo plano el impacto de las competencias
emocionales. No obstante, investigaciones recientes han evidenciado que variables
emocionales como la autorregulación, la empatía, la motivación intrínseca y la
conciencia emocional pueden expli
car una proporción significativa del rendimiento
académico, incluso más allá del CI (Extremera & Fernández
-
Berrocal, 2014;
MacCann et al., 2020). Este hallazgo sugiere que los estudiantes con mayor
capacidad para reconocer, comprender y manejar sus propias
emociones, así como
las de los demás, están mejor equipados para afrontar los desafíos académicos,
gestionar el estrés escolar y establecer relaciones sociales que favorezcan el
aprendizaje colaborativo.
Los efectos de una baja inteligencia emocional en el contexto escolar pueden ser
múltiples. Diversos estudios han asociado un escaso desarrollo emocional con
conductas disruptivas, desmotivación, ansiedad ante los exámenes, dificultades en
la resolución de
conflictos interpersonales y una mayor tasa de abandono escolar
(Gómez
-
Baya et al., 2020; Rivers et al., 2012). Estos factores, en conjunto,
deterioran no solo el rendimiento académico, sino también el bienestar general de
los adolescentes. Además, se ha
identificado que el desarrollo de la IE en edades
tempranas puede actuar como un factor protector frente a trastornos emocionales y
conductuales, lo que resalta su relevancia para la prevención e intervención en
contextos educativos (Brackett et al., 2011)
.
La relevancia de estudiar la relación entre inteligencia emocional y rendimiento
académico radica en su potencial para transformar las prácticas pedagógicas y los
modelos de enseñanza
-
aprendizaje. Desde una perspectiva aplicada, la
identificación de víncul
os sólidos entre ambas variables permitiría diseñar
intervenciones psicoeducativas basadas en el fortalecimiento de competencias
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emocionales como estrategia para mejorar el desempeño escolar. Asimismo, podría
orientar a los responsables de políticas educativas a incluir programas de educación
emocional en los currículos escolares, con base en evidencias empíricas que
respalden su ef
ectividad (Durlak et al., 2011).
La viabilidad de este análisis se sustenta en la abundancia de investigaciones
recientes que han abordado la temática desde diversas aproximaciones
metodológicas, incluyendo estudios correlacionales, longitudinales, experimentales
y metaanálisis. La dispon
ibilidad de instrumentos estandarizados para la medición
tanto de la inteligencia emocional (como el MSCEIT o el EQ
-
i:YV) como del
rendimiento académico (calificaciones escolares, pruebas estandarizadas) permite
realizar comparaciones válidas y confiables
entre distintos contextos culturales y
educativos (Mayer et al., 2016; Qualter et al., 2012). Además, el creciente interés de
la comunidad científica por este tema ha generado una sólida base teórica y
empírica que justifica la necesidad de realizar una re
visión bibliográfica exhaustiva
que sistematice los hallazgos existentes, identifique brechas de conocimiento y
proponga nuevas líneas de investigación.
El objetivo principal de este artículo de revisión es analizar críticamente la relación
entre la inteligencia emocional y el rendimiento académico en adolescentes,
mediante la recopilación y sistematización de estudios empíricos publicados en
revistas cien
tíficas indexadas en bases de datos de alto impacto como Scopus y
Web of Science. Se busca responder a la pregunta de en qué medida y a través de
qué mecanismos la IE influye en el rendimiento académico durante la adolescencia,
considerando las distintas d
imensiones de la IE (intrapersonal, interpersonal,
manejo del estrés, adaptabilidad y estado de ánimo general) y las variables
contextuales que puedan mediar esta relación. Esta revisión permitirá ofrecer un
panorama actualizado y fundamentado que contribu
ya al diseño de estrategias
educativas centradas en el desarrollo integral del estudiante, integrando el
componente emocional como parte esencial del proceso de enseñanza
-
aprendizaje.
2. Materiales y Métodos
La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo, de tipo
exploratorio y con un diseño de revisión
bibliográfica. Se seleccionó esta modalidad
metodológica con el objetivo de analizar de manera sistemática y crítica la literatura
científica existente en torno a la relación entre la inteligencia emocional y el
rendimiento académico en adolescentes. Este
enfoque permite identificar patrones
teóricos y empíricos, así como vacíos en la investigación, a partir del examen de
estudios previamente publicados en fuentes académicas reconocidas.
La revisión se centró en estudios publicados entre los años 2010 y 2024,
considerando este intervalo temporal como representativo del desarrollo
contemporáneo del campo. Para garantizar la calidad y validez de las fuentes, se
priorizaron artículos indexado
s en bases de datos científicas de alto impacto como
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Scopus y Web of Science. La búsqueda se realizó utilizando descriptores en inglés
y español, tales como “emotional intelligence,” “academic performance,”
“adolescents,” “inteligencia emocional,” “rendimiento académico,” y “adolescentes,”
combinados mediant
e operadores booleanos (AND, OR) para afinar los resultados.
Los criterios de inclusión contemplaron investigaciones empíricas, revisiones
sistemáticas y metaanálisis que abordaran de forma directa la relación entre
inteligencia emocional y rendimiento académico en la población adolescente. Se
excluyeron trabajos du
plicados, artículos no sometidos a revisión por pares,
estudios centrados en poblaciones fuera del rango de edad correspondiente a la
adolescencia (10 a 19 años), y aquellos que no aportaran datos relevantes para el
análisis comparativo de las variables en
estudio. Asimismo, se excluyeron artículos
cuya accesibilidad a texto completo no estuviera garantizada.
El proceso de recolección de información se efectuó de manera sistemática,
siguiendo las etapas propias de una revisión bibliográfica: identificación, cribado,
elegibilidad e inclusión. En primer lugar, se identificaron más de 100 publicaciones
potenciales
. Luego de aplicar los criterios de inclusión y exclusión, y tras una lectura
preliminar de títulos y resúmenes, se seleccionaron 42 artículos para una revisión
detallada. Finalmente, 28 estudios cumplieron con los estándares de rigor
metodológico y pertin
encia temática para ser incluidos en el análisis final.
La información extraída de los estudios seleccionados fue organizada en una matriz
de análisis que permitió clasificar los artículos según el tipo de estudio, año de
publicación, país de procedencia, instrumentos utilizados, principales hallazgos y
conclus
iones relevantes. A partir de esta sistematización, se procedió a la síntesis
cualitativa de los datos, destacando las coincidencias, divergencias y tendencias
emergentes en la literatura revisada. Esta estrategia permitió no solo identificar la
magnitud y
naturaleza de la relación entre inteligencia emocional y rendimiento
académico en adolescentes, sino también comprender los contextos educativos y
psicosociales en los que dicha relación se manifiesta con mayor claridad.
La metodología adoptada garantiza la trazabilidad del proceso investigativo, así
como la transparencia en la selección y análisis de las fuentes. Si bien el diseño de
revisión bibliográfica no permite establecer relaciones causales, ofrece una base
sólida
para comprender el estado del conocimiento en el área y para formular futuras
hipótesis de investigación que puedan ser abordadas mediante metodologías
cuantitativas o mixtas.
3. Resultados
3.1.
Influencia de la inteligencia emocional: Asociación positiva con el
rendimiento académico
El papel de la inteligencia emocional (IE) en el ámbito educativo ha cobrado una
importancia creciente, especialmente en los últimos veinte años, debido a su
impacto no solo en el bienestar psicológico de los estudiantes, sino también en su
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desempeño académico. La IE, entendida como la capacidad para percibir,
comprender, regular y utilizar las emociones de manera adaptativa (Mayer, Salovey
& Caruso, 2016), se ha posicionado como un factor predictor del éxito académico,
particularmente durant
e la adolescencia, una etapa caracterizada por profundos
cambios emocionales, cognitivos y sociales. En este contexto, la gestión eficaz de
las emociones no es una habilidad periférica, sino una competencia central que
permite al adolescente enfrentar los
desafíos académicos con mayores recursos
psicológicos.
La asociación entre inteligencia emocional y rendimiento académico ha sido
confirmada por una amplia gama de estudios empíricos. La metainvestigación de
MacCann et al. (2020), que analizó 158 estudios con una muestra combinada de
más de 42,000 participante
s, concluyó que la IE tiene una correlación positiva y
significativa con el rendimiento académico, incluso al controlar otras variables
relevantes como el coeficiente intelectual, la personalidad y la motivación. En esta
investigación, las habilidades emoc
ionales vinculadas con la regulación emocional
y la comprensión emocional fueron identificadas como los componentes más
influyentes en la mejora del rendimiento académico. Este hallazgo se refuerza con
los estudios de Sánchez
-
Álvarez, Extremera y Fernández
-
Berrocal (2020), quienes
demostraron que los adolescentes con altos niveles de IE presentan un mayor grado
de motivación intrínseca hacia el estudio, lo cual repercute directamente en la
calidad del aprendizaje y en los resultados obtenidos en evaluacione
s escolares.
Uno de los principales mecanismos a través del cual la IE impacta en el rendimiento
académico es la autorregulación emocional. Esta capacidad permite al estudiante
manejar adecuadamente la frustración, la ansiedad ante los exámenes y el estrés
académico ge
neral, factores que son ampliamente reconocidos como inhibidores
del desempeño cognitivo y de la concentración (Zeidner, Matthews & Roberts,
2012). En situaciones de alta presión, como períodos de exámenes o entrega de
proyectos, los estudiantes emocionalm
ente competentes muestran una mayor
capacidad para mantener la calma, perseverar en sus tareas y tomar decisiones
más racionales y adaptativas. Esta estabilidad emocional favorece una ejecución
más eficiente de las funciones ejecutivas, tales como la atenc
ión sostenida, la
planificación y el control inhibitorio, que son esenciales para el aprendizaje
académico (Mavroveli & Sánchez
-
Ruiz, 2011).
Además de la autorregulación, otro componente clave es la empatía y la habilidad
para establecer relaciones interpersonales positivas en el entorno escolar. Los
adolescentes con un mayor desarrollo emocional tienden a integrarse mejor en
grupos de estudio,
participar activamente en actividades colaborativas y construir
redes de apoyo social que facilitan el proceso educativo (Brackett, Rivers & Salovey,
2011). Estas dinámicas sociales no solo contribuyen al clima escolar positivo, sino
que también increment
an el sentido de pertenencia y compromiso con la institución
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educativa, lo cual se ha asociado con menores tasas de deserción escolar y mayor
éxito académico (Zins et al., 2004).
Estudios longitudinales han evidenciado también que la IE actúa como un predictor
incremental del rendimiento académico. Por ejemplo, Qualter et al. (2012), en una
investigación con
seguimiento a cinco años en escuelas secundarias británicas,
hallaron que los estudiantes con mayores puntuaciones en pruebas de IE obtuvieron
mejores calificaciones escolares a lo largo del tiempo, incluso tras controlar el efecto
de variables como el CI,
el nivel socioeconómico y el género. Estos hallazgos
respaldan la idea de que la inteligencia emocional no es un fenómeno circunstancial
ni accesorio, sino un rasgo estable que influye de manera continua en el desarrollo
académico de los adolescentes.
En el plano aplicado, la implementación de programas de aprendizaje
socioemocional ha mostrado efectos positivos no solo en el desarrollo emocional de
los estudiantes, sino también en sus logros académicos. Durlak et al. (2011), en su
metaanálisis de progr
amas SEL (Social and Emotional Learning), analizaron los
resultados de más de 200 programas implementados en escuelas primarias y
secundarias y encontraron que los estudiantes que participaron en dichas
intervenciones no solo mejoraron sus habilidades emoc
ionales y sociales, sino que
también obtuvieron un promedio de 11 puntos porcentuales más en su rendimiento
académico comparado con el grupo control. Estos datos sugieren que la IE puede
ser fortalecida mediante intervenciones educativas estructuradas, lo
que a su vez
puede traducirse en mejoras medibles en el rendimiento escolar.
En suma, los hallazgos acumulados en la literatura científica demuestran
consistentemente que existe una asociación positiva y significativa entre la
inteligencia emocional y el rendimiento académico en adolescentes. Este vínculo se
manifiesta en diferente
s contextos culturales, metodologías de evaluación y niveles
educativos, lo que indica su robustez como fenómeno psicológico y educativo. La
promoción de la IE desde edades tempranas y su incorporación explícita en los
programas educativos no solo responde
a un imperativo ético de formación integral,
sino que constituye una estrategia pedagógica basada en evidencia para mejorar la
calidad del aprendizaje, fortalecer la resiliencia escolar y fomentar trayectorias
educativas más exitosas.
3.2.
Dimensiones clave de la inteligencia emocional: Mayor impacto de
habilidades intra e interpersonales
La inteligencia emocional (IE) ha sido conceptualizada como una serie de
competencias emocionales que permiten a las personas reconocer, comprender,
expresar, manejar y utilizar las emociones de forma eficaz y adaptativa. Esta
concepción ha evolucionado si
gnificativamente desde los primeros modelos
propuestos por Salovey y Mayer (1990) hasta llegar a formulaciones más
sistematizadas como el modelo de habilidad (Mayer, Salovey & Caruso, 2016) y el
modelo mixto de Bar
-
On (1997), que destacan, entre otros aspe
ctos, las
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dimensiones intra e interpersonales como ejes estructurales de la IE. En el contexto
educativo, especialmente durante la adolescencia, estas dimensiones cobran un
papel central, no solo en la configuración del bienestar emocional, sino también en
la explic
ación del rendimiento académico, ya que impactan directamente en la
autorregulación, la motivación académica, la integración social y el manejo del
estrés escolar.
Las habilidades intrapersonales comprenden la capacidad del individuo para
identificar, procesar y regular sus propias emociones. Dentro de esta dimensión se
encuentran competencias como la autoconciencia emocional, la autoestima, la
autodirección y, de fo
rma destacada, la autorregulación emocional. Investigaciones
han demostrado que estas habilidades son fundamentales en el entorno educativo,
ya que posibilitan al estudiante manejar eficazmente situaciones de presión
académica, superar la frustración ante
el fracaso escolar y mantener un estado
emocional propicio para el aprendizaje. En este sentido, estudios como los de
Fernández
-
Berrocal y Extremera (2016) han evidenciado que los adolescentes con
alta autoconciencia emocional y una adecuada regulación de
sus emociones
tienden a presentar un mejor ajuste académico y mayor perseverancia ante las
tareas escolares exigentes.
La autorregulación emocional, en particular, se ha asociado consistentemente con
una mayor capacidad de atención sostenida, mejor planificación y toma de
decisiones académicas más eficientes. Según Zeidner, Matthews y Roberts (2012),
esta habilidad permite
al estudiante amortiguar el impacto negativo del estrés y la
ansiedad, elementos que suelen estar presentes en evaluaciones escolares, lo que
a su vez mejora la ejecución en tareas cognitivas complejas. Así, la capacidad de
gestionar emociones displacente
ras se convierte en un recurso crucial para
sostener el rendimiento académico en el tiempo. En un estudio empírico con más
de 2,000 estudiantes españoles, Extremera et al. (2019) hallaron que la regulación
emocional era el predictor más fuerte del rendimie
nto académico entre todas las
dimensiones de la IE evaluadas, superando incluso a variables como la motivación
extrínseca o la implicación parental.
Por otra parte, las habilidades interpersonales comprenden la empatía, la
asertividad, la comprensión social y la capacidad para establecer relaciones
interpersonales saludables. Estas competencias son esenciales en contextos
escolares caracterizados por l
a interacción constante entre pares y docentes, y su
desarrollo adecuado se asocia con una mejor adaptación social y una mayor
disposición al trabajo colaborativo. Brackett, Rivers y Salovey (2011) señalan que
los estudiantes emocionalmente competentes en
el ámbito interpersonal suelen
participar con mayor frecuencia en actividades grupales, muestran mayor
sensibilidad ante las necesidades de sus compañeros y resuelven conflictos con
mayor eficacia. Estos aspectos contribuyen al fortalecimiento de un clima
escolar
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positivo, lo cual, a su vez, incide directamente en la motivación y el compromiso
académico.
La empatía, entendida como la capacidad de ponerse en el lugar del otro y
comprender sus emociones, ha demostrado ser una variable clave en la predicción
del rendimiento académico, al facilitar relaciones sociales armónicas que minimizan
las conductas disr
uptivas y fomentan el aprendizaje cooperativo. Mavroveli y
Sánchez
-
Ruiz (2011) encontraron que los adolescentes con alta empatía mostraban
mejores calificaciones, mayor satisfacción escolar y menores niveles de
comportamiento antisocial. De igual forma, lo
s estudiantes que son hábiles en la
gestión de relaciones tienden a recibir más apoyo de sus compañeros y docentes,
lo cual es un recurso valioso ante situaciones académicas desafiantes.
Una revisión sistemática realizada por Sánchez
-
Álvarez, Extremera y Fernández
-
Berrocal (2020) concluyó que tanto las habilidades intra como interpersonales de la
IE tienen un impacto significativo y diferenciado sobre el rendimiento académico.
Las habilida
des intrapersonales contribuyen principalmente al rendimiento individual
a través de la autorregulación emocional y la automotivación, mientras que las
interpersonales favorecen la creación de entornos de aprendizaje más inclusivos y
colaborativos. Esta du
alidad demuestra que el rendimiento académico no puede
explicarse exclusivamente a partir de variables cognitivas, sino que requiere la
consideración de factores emocionales que operan de forma sinérgica.
La influencia de estas dimensiones también ha sido explorada en contextos
interculturales. Un estudio desarrollado por Qualter et al. (2012) en Reino Unido,
que incluyó una muestra longitudinal de estudiantes de secundaria durante cinco
años, evidenció que
tanto las habilidades intra como interpersonales se asociaron
significativamente con el rendimiento académico, incluso al controlar factores como
el coeficiente intelectual, el nivel socioeconómico y el apoyo familiar. En particular,
se observó que los es
tudiantes con un desarrollo equilibrado de ambas dimensiones
lograban un desempeño académico más consistente a lo largo del tiempo.
Además, los beneficios de estas
competencias han sido corroborados mediante
programas de intervención basados en el aprendizaje socioemocional (SEL). Durlak
et al. (2011), en su metaanálisis de 213 estudios con más de 270,000 estudiantes,
reportaron que aquellos que participaron en progr
amas SEL presentaron mejoras
significativas en habilidades intrapersonales (como la autorregulación y la
automotivación) e interpersonales (como la empatía y la toma de perspectiva), lo
cual se tradujo en un aumento promedio del 11% en el rendimiento acadé
mico, así
como en una disminución de conductas problemáticas. Este tipo de evidencia
refuerza la necesidad de integrar estas competencias en los currículos escolares
como parte de una educación integral basada en el desarrollo emocional.
En síntesis, las dimensiones intra e interpersonales de la inteligencia emocional
representan núcleos estructurales en la formación del estudiante adolescente, no
solo como individuo capaz de gestionar sus emociones, sino también como agente
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social dentro de la comunidad educativa. La autorregulación emocional permite
afrontar con éxito los desafíos académicos individuales, mientras que la empatía y
la gestión relacional favorecen entornos cooperativos que enriquecen el aprendizaje
colectivo.
La convergencia de estas habilidades en el contexto escolar constituye
un pilar fundamental para el desarrollo académico sostenible y el bienestar
socioemocional del alumnado. La implementación de estrategias pedagógicas que
integren explícitamente el desa
rrollo de estas competencias resulta no solo
pertinente, sino esencial, si se pretende una educación de calidad que responda a
las complejidades de la adolescencia y a los desafíos del siglo XXI.
4. Discusión
Los hallazgos obtenidos a partir de la revisión bibliográfica permiten afirmar con
solidez que la inteligencia emocional (IE) constituye un factor psicoeducativo de alta
relevancia en el desempeño académico de los adolescentes. Tanto las
competencias intra
personales como interpersonales han demostrado ejercer una
influencia significativa, directa e indirecta, sobre las capacidades de los estudiantes
para adaptarse a las demandas cognitivas, sociales y emocionales del entorno
escolar. Esta relación, que ha s
ido confirmada por múltiples estudios empíricos y
metaanálisis rigurosos, pone en evidencia la necesidad de repensar el paradigma
tradicional del rendimiento académico, el cual ha estado históricamente centrado en
variables puramente cognitivas como el coe
ficiente intelectual o la memoria de
trabajo (MacCann et al., 2020; Mayer, Salovey & Caruso, 2016).
El vínculo positivo entre IE y rendimiento académico, sustentado por evidencias
consistentes en diversas latitudes y niveles educativos, permite considerar la IE no
solo como un rasgo deseable en el desarrollo personal, sino como una competencia
fundamenta
l para el éxito escolar. En este sentido, la autorregulación emocional,
como habilidad intrapersonal, emerge como un predictor particularmente potente, al
facilitar la gestión del estrés académico, la perseverancia ante el fracaso y la
focalización de la a
tención en contextos de alta demanda cognitiva (Zeidner,
Matthews & Roberts, 2012). Estos procesos resultan especialmente relevantes en
la adolescencia, etapa en la cual las estructuras cerebrales relacionadas con el
control inhibitorio, la toma de decisio
nes y la planificación aún se encuentran en
desarrollo (Steinberg, 2014), lo que aumenta la vulnerabilidad emocional de los
estudiantes y, por ende, la necesidad de mecanismos regulatorios eficientes.
Asimismo, las habilidades interpersonales, como la empatía y la competencia social,
desempeñan un papel crucial en la consolidación de relaciones positivas dentro del
aula, promoviendo climas escolares más colaborativos y emocionalmente seguros.
Estas comp
etencias favorecen la cohesión grupal, reducen los conflictos
interpersonales y fortalecen el sentido de pertenencia, todos ellos elementos clave
en el sostenimiento del compromiso académico (Brackett, Rivers & Salovey, 2011;
Mavroveli & Sánchez
-
Ruiz, 2011
). Además, la empatía ha sido identificada como un
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facilitador de la comunicación efectiva y la resolución de problemas sociales,
aspectos que inciden directamente en la dinámica de aprendizaje cooperativo, el
cual es fundamental en las metodologías pedagógicas actuales centradas en el
estudiante.
Una cuestión relevante en esta discusión es la capacidad incremental de la
inteligencia emocional respecto de otras variables predictoras del rendimiento
académico. Investigaciones longitudinales, como la llevada a cabo por Qualter et al.
(2012), han demos
trado que la IE explica una porción significativa de la varianza en
el desempeño académico, incluso tras controlar factores como el coeficiente
intelectual, el estatus socioeconómico o la motivación extrínseca. Esto sugiere que
las habilidades emocionales
no actúan de manera aislada, sino que interactúan con
otras dimensiones del funcionamiento académico, potenciando sus efectos y
ofreciendo una ventaja adaptativa a los estudiantes que las poseen en mayor
medida.
La integración de programas basados en el aprendizaje socioemocional (SEL) ha
reforzado empíricamente esta perspectiva. La metainvestigación de Durlak et al.
(2011) reveló que los programas SEL no solo mejoran significativamente las
competencias emocionale
s de los estudiantes, sino que también se traducen en
incrementos sustanciales en el rendimiento académico, en comparación con grupos
control. Este hallazgo pone de relieve el carácter instrumental de la IE como eje
transversal en el currículo escolar, y r
efuerza la necesidad de implementar políticas
educativas que contemplen su desarrollo sistemático, especialmente en niveles
críticos como la educación secundaria.
Desde un punto de vista teórico, los modelos de IE han evolucionado hacia
enfoques integradores que reconocen la importancia de la interacción entre
emociones y cognición en el proceso de aprendizaje. El modelo de habilidad de
Mayer, Salovey y Caruso (2016
) aporta una base conceptual sólida que permite
entender la IE como una forma legítima de inteligencia, susceptible de ser evaluada,
entrenada y mejorada, al igual que otras capacidades cognitivas. Esta postura ha
sido refrendada por estudios neuropsicológ
icos que demuestran la interconexión
entre áreas cerebrales vinculadas con la emoción (como la amígdala y la ínsula) y
aquellas relacionadas con funciones ejecutivas superiores (como la corteza
prefrontal), lo cual subraya la inseparabilidad entre razón y
emoción en los procesos
de aprendizaje (Immordino
-
Yang & Damasio, 2007).
En términos prácticos, la evidencia recopilada plantea implicaciones pedagógicas
de gran alcance. El desarrollo de competencias intra e interpersonales no debe
considerarse como una responsabilidad exclusiva del ámbito familiar o terapéutico,
sino como un
componente esencial de la formación escolar integral. La escuela,
como espacio de socialización secundaria, tiene el potencial
—
y la
responsabilidad
—
de crear contextos que promuevan el desarrollo emocional
mediante prácticas pedagógicas sensibles, currícu
los integrados y modelos
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docentes emocionalmente competentes. Ignorar este componente implica
desatender un factor decisivo en el éxito académico, especialmente en poblaciones
vulnerables o en contextos de riesgo psicosocial, donde la IE puede actuar como un
factor protector (Sánc
hez
-
Álvarez, Extremera & Fernández
-
Berrocal, 2020).
En conclusión, los datos revisados respaldan contundentemente la tesis de que las
dimensiones intra e interpersonales de la inteligencia emocional ejercen un efecto
significativo sobre el rendimiento académico en
adolescentes. La evidencia
disponible permite no solo confirmar esta asociación, sino también identificar
mecanismos específicos
—
como la regulación emocional, la empatía y la
competencia social
—
que median dicha relación. En consecuencia, resulta
indispen
sable que las políticas educativas, la formación docente y el diseño
curricular integren de forma explícita el desarrollo de competencias emocionales,
con el fin de optimizar el aprendizaje, fortalecer la resiliencia escolar y promover el
bienestar integra
l de los estudiantes.
5. Conclusiones
La presente revisión bibliográfica permite concluir que la inteligencia emocional
desempeña un papel decisivo y multifacético en el rendimiento académico de los
adolescentes. A lo largo del análisis de la literatura científica actual, se ha
evidenciado que
la inteligencia emocional, entendida como la capacidad para
percibir, comprender, regular y utilizar las emociones de manera adecuada, influye
de forma significativa en la forma en que los estudiantes enfrentan las exigencias
cognitivas, sociales y afecti
vas del entorno escolar. Esta influencia se manifiesta a
través de distintos mecanismos, siendo especialmente notoria en el desarrollo de
habilidades de autorregulación emocional, motivación académica, manejo del estrés
y establecimiento de relaciones soci
ales positivas.
Las habilidades intrapersonales, particularmente la autoconciencia y la regulación
emocional, han demostrado ser fundamentales para el logro académico, ya que
permiten al estudiante manejar de manera efectiva emociones negativas como la
ansiedad, la frustr
ación o la desmotivación, frecuentes en el contexto educativo.
Esta capacidad de gestión emocional propicia una mayor persistencia ante las
dificultades, una actitud proactiva frente a los desafíos escolares y un mejor enfoque
atencional, aspectos todos qu
e inciden directamente en la calidad del aprendizaje y
los resultados académicos.
Por otro lado, las habilidades interpersonales, como la empatía, la comunicación
asertiva y la capacidad para mantener relaciones armónicas con los demás, resultan
igualmente determinantes. Estas competencias favorecen el desarrollo de un clima
escolar pos
itivo, aumentan la integración social y reducen las conductas
problemáticas. Asimismo, contribuyen a la creación de redes de apoyo entre pares
y entre estudiantes y docentes, facilitando el aprendizaje colaborativo y
fortaleciendo el sentido de pertenencia
y compromiso con la institución educativa.
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A partir de los estudios revisados, se constata que la inteligencia emocional tiene un
valor explicativo adicional al de otras variables clásicas asociadas al rendimiento
académico, como el coeficiente intelectual, el estatus socioeconómico o los factores
familiares. Esto refuerza la idea de que el éxito escolar no puede entenderse
únicamente desde una perspectiva cognitiva, sino que debe incluir el desarrollo
emocional como un componente esencial e inseparable del proceso formativo. En
este sentido, la IE
no solo actúa como un recurso de adaptación académica, sino
también como un factor protector frente a conductas de riesgo, deserción escolar y
malestar psicológico.
Asimismo, los programas de aprendizaje socioemocional han demostrado ser
eficaces para el fortalecimiento de estas competencias en el ámbito escolar, con
impactos positivos tanto en el desarrollo emocional como en el desempeño
académico. Esto evidencia que
la IE es una habilidad susceptible de ser enseñada
y desarrollada mediante estrategias pedagógicas adecuadas, integradas de forma
sistemática en el currículo escolar.
En consecuencia, se hace necesario que las políticas educativas promuevan de
manera explícita la inclusión de la inteligencia emocional como eje transversal en
los procesos de enseñanza
-
aprendizaje. Esto implica no solo la capacitación
docente en competenc
ias emocionales, sino también la implementación de
programas formativos que favorezcan el desarrollo integral del alumnado desde una
perspectiva emocional, cognitiva y social. La atención a estas dimensiones permitirá
no solo optimizar los logros académico
s, sino también fomentar el bienestar
psicológico, la resiliencia personal y la preparación para enfrentar los desafíos de la
vida adulta.
En definitiva, el abordaje integral de la inteligencia emocional en el sistema
educativo representa una oportunidad clave para transformar la experiencia escolar
de los adolescentes, promoviendo un modelo de educación más humano, inclusivo
y orientado al d
esarrollo pleno de las capacidades del estudiante en todas sus
dimensiones.
CONFLICTO DE INTERESES
“Los
autores declaran no tener ningún conflicto de intereses”.
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